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No crear más dolor en el presente

No crear más dolor en el presente


(Por Eckhart Tolle)

La mayor parte del sufrimiento humano es innecesario. Es creado por uno mismo, mientras la mente no observada maneje nuestra vida.

El dolor que usted crea ahora es siempre una forma de no aceptación, una forma de resistencia inconsciente a lo que es.


En el nivel del pensamiento, la resistencia es una forma de juicio. 

En el nivel emocional, es una forma de negatividad.

La intensidad del sufrimiento depende del grado de resistencia al momento presente, y ésta a su vez depende de la fuerza de su identificación con la mente.

La mente siempre busca negar el Ahora y escapar de él. En otras palabras, cuanto más identificado esté usted con su mente, más sufre.

O puede ponerlo en estos términos: cuanto más capaz sea de honrar y aceptar el Ahora, más libre estará del dolor, del sufrimiento y de la mente egótica.


¿Por qué habitualmente se niega o se resiste la mente al Ahora? 


Porque no puede funcionar y permanecer en control sin el tiempo, que es pasado y futuro, así que percibe el Ahora intemporal como una amenaza. 

El tiempo y la mente son de hecho inseparables.


Imagínese la Tierra sin vida humana, habitada sólo por plantas y animales. ¿Tendría todavía un pasado y un futuro? ¿Podríamos todavía hablar del tiempo de forma significativa? La pregunta "¿Qué hora es?" o "¿Qué día es hoy?" -si hubiera alguien para hacerla- no tendría ningún sentido. El roble o el águila quedarían perplejos ante tal pregunta. "¿Qué hora?" responderían. "Bueno, es ahora, por supuesto. ¿Qué más?"


Sí, necesitamos la mente, así como el tiempo, para funcionar en este mundo, pero llega un momento en el que se apoderan de nuestra vida y ahí es donde se establecen la disfunción, el dolor y la tristeza.

La mente, para asegurarse el control, busca continuamente cubrir el momento presente con el pasado y el futuro, y así la vitalidad y el potencial infinitamente creativo del Ser, que es inseparable del Ahora, queda cubierto por el tiempo. La verdadera naturaleza queda oscurecida por la mente.


Se ha acumulado una carga cada vez más pesada de tiempo en la mente humana. Todos los individuos sufren bajo este peso, pero también siguen aumentándolo a cada momento, siempre que ignoran o niegan el precioso momento o lo reducen a un medio para obtener un momento futuro, que sólo existe en la mente, no en la realidad.

La acumulación de tiempo en la mente humana individual y colectiva también carga una gran cantidad de dolor residual del pasado.


Si no quiere crear más dolor para usted y para los demás, si no quiere aumentar más el residuo de sufrimiento pasado que aún vive en usted, no cree más tiempo, o al menos no más del necesario para manejar los aspectos prácticos de su vida.


¿Cómo detener la producción de tiempo?


Dése cuenta profundamente de que el momento presente es todo lo que tiene.

Haga del Ahora el foco primario de su vida.

Mientras que antes usted habitaba en el tiempo y hacía breves visitas al Ahora, establezca su residencia en el Ahora y haga breves visitas al pasado y al futuro cuando se requieran para manejar los asuntos prácticos de la vida.

Diga siempre "sí" al momento presente.


¿Qué podría ser más fútil, más demente, que crear resistencia interior a algo que ya es?

¿Qué podría ser más demente que oponerse a la vida misma, que es ahora y siempre ahora? 

Ríndase a lo que es. Diga "sí" a la vida, y observe cómo ésta empieza súbitamente a funcionar a favor suyo y no contra usted.




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#Dolor #Presente #Vivir #Consciencia #Tiempo #Vida #Mente #Emoción #Sufrimiento


Cuando nos duele el Alma

Cuando nos duele el Alma

El alma duele. Y duele de una forma en la que a veces, es difícil poder hacer entender a otra persona cómo te sientes. Lo cierto es que es difícil que una persona desde fuera pueda ver el grado de malestar interior de otra en tanto que el daño no es algo físico, ni palpable. Las heridas no se ven a simple vista como sucede en la piel.

Al revés, el dolor del alma a veces, se enquista. Crece hasta límites insospechados hasta el punto de que una herida, en vez de menguar con el paso de los meses, el malestar se hace más grande. No siempre sucede así, pero sí existen casos de personas que se sienten así. Y la realidad es que lo peor es que el entorno no siempre acompaña demasiado.

 

No siempre te encuentras con las personas que saben ayudarte y ofrecerte un apoyo. Cuando sentimos que algún dolor se manifiesta, buscamos la asistencia de un médico. Para cualquiera de nuestros quebrantos hay soluciones: cremas, ungüentos, terapias, pastillas, cirugías, etc. En estos momentos cualquier salida nos vale para quitar el dolor físico que nos desconcentra y nos desenfoca de nuestras tareas.

 

Es curioso cómo puede que estés necesitando escuchar algo que nadie te dice. Y también, cómo puede que estés necesitando una esperanza que el resto del mundo termina matando en ti. Así sucede cuando lejos de encontrarte con personas que te permiten tener un poco de ilusión por pensar que en el mundo te puedes encontrar con ejemplos positivos de solidaridad o de ayuda social, no puedes evitar que las personas te recuerden que es mejor no esperar demasiado para no decepcionarte. Que es mejor que te consideres alguien invisible porque nadie va a ver tu valor.

 

Así se sienten muchos mendigos que piden limosna en la puerta de una iglesia ante la absoluta indiferencia de los transeúntes. Pero también se sienten así muchas personas que sufren en silencio una herida que ya no saben cómo curar. Las heridas que más cuestan superar son las del amor, las de una decepción sentimental, las de la muerte de un ser querido, la traición de un amigo o un trauma.

 

Nuestras vivencias componen aquello en lo que nos hemos convertido. Todos nuestros recuerdos y nuestras experiencias llenan nuestra historia personal y forman nuestro recorrido. Somos la historia de nuestros recuerdos.

 

Así que cada cosa que hemos experimentado, forma parte de todo nuestro proceso de evolución sobre esta tierra. Porque somos lo que hemos vivido. Cada circunstancia nos ha hecho más fuertes o más débiles, más sensibles o más duros, más alegres o más tristes, más impulsivos o más conscientes, más desconfiados o más creyentes, más sabios, más humanos. Y a la final, somos un producto de nuestras decisiones.

 

El extremo dolor, ese dolor que nos arrasa, que destruye nuestras certezas, que nos quita la inocencia de creer que somos dueños del mundo y su destino, ese que nos deja sin respuestas, caídos, desorientados, sin saber donde fijar la mirada o encontrar sentido, constituye una prueba radical para el proceso del despertar del Alma. Con él salen a luz nuestros demonios, los miedos e inseguridades más profundas, las rabias y el desaliento, la soberbia, la envidia y el aislamiento, pero también emerge lo mejor de nosotros, la certeza, la fuerza, la generosidad, la sabiduría. En ese dolor nos conocemos a nosotros mismos con una extensión y profundidad insospechadas, aparece todo lo oculto, se caen las máscaras donde nos escondíamos de nuestra fragilidad y nuestra potencia espiritual.

 

Y así como nuestro camino ha dejado huellas, también nuestros sentimientos de cómo percibimos el mundo, van formando otras que quedarán impresas en el alma. Aquí es cuando la subconsciencia imprime de emociones nuestra psique y nos convertimos en seres “sintientes”. Somos el puente de conexión entre lo que sucede alrededor de nosotros y lo que sucede internamente en nuestra Alma. Por lo tanto, siempre estamos conectados absorbiendo la sincronía de ambos universos: el físico y el emocional.

 

El sufrimiento es una prueba y una oportunidad, extremadamente delicada, pues nos puede depurar, alivianar, volvernos más abiertos y amorosos, o puede conducirnos a la pesadez, a la amargura, al sin sentido.

 


Cuando nos duele el Alma

El dolor radical nos puede llevar a la idea de que somos los únicos que sufrimos, de que somos especiales, de que sabemos algo que los demás no saben, o de que tenemos más “bonos espirituales” que el resto, nos puede conducir a la desconfianza, al ostracismo, a la soberbia o puede abrirnos a la aceptación, al amor, a una vida dirigida con mucho más potencia y claridad a nuestro aporte particular al mundo. El dolor destruye lo que algún día fuimos, nos deshace, arrasa con todo y desde él podemos levantarnos humildes, disponibles y confiados al movimiento de la Vida, o bien, arrogantes, amargos, o invadidos por el miedo de lo por-venir.

 

Esto dependerá de cuan conscientemente vivamos el proceso, de que nos abramos y aceptemos el cambio radical de nuestro estar en el mundo, de nuestro sentido de vivir que conlleva el dolor, que nos permitamos re cuestionarnos el eje en torno al cual creamos nuestra vida, que aceptemos nuestra vulnerabilidad, así como nuestra fuerza.

 

El dolor es una gran oportunidad para el Alma, pues, al arrasar con nuestras certezas y corazas habituales, abre grietas en nuestra psiquis, brechas por donde el Alma puede tocar nuestra mente y corazón con la claridad de que no importa cuánta información acumule nuestra mente, cuáles sean nuestras creencias o posturas intelectuales el misterio central de Quienes Somos, a Dónde Vamos, qué sentido tiene la Vida, hay o no algo más allá de la muerte. Sólo es revelado a la intuición, a la certeza interior, en vivencias que están más allá de la razón.

Podemos levantarnos ligeros de equipaje sabiendo que toda forma, toda manifestación concreta es fugaz, ya sea una empresa, una familia, o la vida física en sí. Que lo que perdura es la Esencia, aquello que es invisible e intangible, pero también indestructible y desde allí vivir abiertos a la vida, disponible a los cambios, confiando en que hay algo en el Centro que permanece, más allá de todo cambio.

 

Por ende, 


¿Qué hacer cuando nos duele el Alma y ese dolor abarca mucho más de lo que podríamos soportar?

  

  • 1. Asume que realmente algo te duele, y mucho.

Cuando damos por hecho y sin auto engaños, que existe una astilla que nos está punzando hondo, el camino por recorrer se hace con una perspectiva más clara. 


Cuando hacemos del dolor una realidad y lo palpamos, lo lloramos y lo vivimos a conciencia, es en ese instante cuando comenzamos a trascenderlo.Recuerda, el dolor nos hace humildes. Y nos permite mostrarnos vulnerables para sanar desde esa indefensión que atesora el cambio.

  

  • 2. Evadir que realmente existe el dolor, alarga más el proceso para sanarlo.

Por naturaleza, los seres humanos evadimos el dolor físico y hacemos caso omiso de que este existe. Tratamos de que no se vea, no se oiga, no se sienta y buscamos lo que sea por no experimentarlo. 


Y es increíble, porque fisiológicamente, en el cerebro, el hipotálamo genera endorfinas para mitigar el dolor físico haciendo más soportable la sensación, hasta buscar otro tipo de analgésico. Pero el alma no genera endorfinas, la endorfina para el Alma, eres tú.

El analgésico para el corazón, es el “darte cuenta” de que él existe.

Cuando te haces uno con el dolor; lo lloras, lo gritas y lo “abrazas” hasta llegar al fondo -creyendo que es una miseria-, es cuando en realidad se convierte en tu salvación. Y así, éste va suavizando su intensidad para que pueda ser soportado hasta buscar la vía que mejor funcione para ti, hacia la sanación.

  

  • 3. Identifica qué genera la molestia.

Comencemos por preguntarnos qué genera el dolor que siento: una circunstancia, una persona, una discusión, el trabajo, no aceptación de algo, una decepción, culpabilidad, inconformidad... 


“¿Qué está haciendo que yo me sienta mal?” “¿De dónde surge este sentimiento?” Busca el aspecto raíz del problema para que puedas sanar desde la base de la estructura, piso por piso. Busca si eres tú el que lo generó, si es otra persona, tal vez una circunstancia. Pero identifica lo que es, para comenzar a evaluar el proceso desde la raíz.

  

  • 4. Transforma la situación.

Siempre tenemos en nuestras manos las excusas para sentirnos dolidos. Y además, son siempre válidas porque son tu realidad y como tuya, ya tienen toda la importancia del mundo. Pero existe la posibilidad –y muy grande-, de que podamos transformar lo negativo en positivo. Porque si cambio mi manera de pensar, cambio todo mi mundo. Si yo decido que una situación debe concluir y llegar a un fin, yo canalizo el sentimiento hacia una salida saludable.

Si me han echado del trabajo, por supuesto que me sentiré perdido y deprimido con mi caos y la confusión en mi mente. 


Pero eres tú que sigues con tu historia, y además, es válida porque eres tú el que tienes el problema. 


Pero luego que la tormenta aminore su intensidad, debes tomar nota de todas las oportunidades que ahora están abiertas para ti y cuántas cosas podrás hacer por las cuales nunca arriesgaste nada. Ahora no hay excusas para mejorar tu realidad. Puedes hacerlo porque lo que creías que era tu mundo: tu empleo en este caso, ya no existe. Confía en la posibilidad de que el caos, trae un orden perfecto que está esperando manifestarse para ti.

  

  • 5. Si sabes que se te ha ido de las manos, busca ayuda.

Seamos humildes y reconozcamos cuándo no podemos solos con todo. No sientas vergüenza de tu dolor porque -para otros-, éste no sea tangible. 


El hecho que el dolor no se toque, no significa que no exista. No te ocultes, porque todos sentimos exactamente igual. Física y neurológicamente el ser humano está diseñado con las mismas células. Por lo tanto, lo que te pasa a ti, también me ha pasado a mi, y al de la esquina, y al de más allá. No te ocultes por algo que es común. Nada me separa de ti, ni tú de mi. Tú sientes, yo siento, él también siente. Todos somos almas "sintientes" en este Universo. 


Y cuando no podemos solventar algún problema, podemos buscar ayuda en conversaciones que sanan, porque cuando te escuchan, te escuchas y esas conversaciones son medicina para el dolor del alma.

 

El dolor no siempre tiene que ser algo negativo. Es importante sentir el dolor de otros (tanto el que hemos causado como el que no) porque puede inspirarnos a ver cuánto más necesitamos hacer. Siempre en la grandeza de tus pensamientos estará la grandeza de tus obras. Y la más importante de las obras, es crearte a ti mismo. Y sólo cuando comenzamos a sentir el dolor de otros, es que la Luz nos mostrará la mejor manera en que podemos ayudarlos.

 

Bendiciones MILES a todos.

NAMASTÉ

 

 

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¿Te duele la cabeza? Descubre su relación emocional

 

Cefalea, Migrañas, Dolor de Cabeza

¿Te duele la cabeza a menudo y no sabes por qué?

A veces, aunque tomes un analgésico, el dolor de cabeza persiste.
¿En las últimas semanas el dolor de cabeza se ha convertido en tu compañero permanente?
En esos casos, el dolor de cabeza podría ser emocional, podrías ser tú mismo quien lo causa.
De hecho, el dolor de cabeza es uno de los trastornos del sistema nervioso más comunes: se estima que un 47% de los adultos han sufrido por lo menos una cefalea a lo largo del último año. No obstante, existen diferentes tipos de dolor de cabeza, aunque el más común está vinculado con nuestro estado emocional, con las tensiones cotidianas. ¿Qué se encuentra realmente detrás de esos dolores de cabeza continuos que a veces nos dejan fuera de combate?

La cefalea tensional
La cefalea tensional es el dolor de cabeza más común. Ataca aproximadamente al 70% de la población, lo cual indica que en algún que otro momento, es probable que la hayas sufrido. Lo usual es que comience en la adolescencia y es más común en las mujeres.

¿Cuáles son sus síntomas principales?
– El dolor persiste durante varias horas pero en ocasiones puede durar incluso varios días. En algunos casos puede llegar a convertirse en un problema crónico y altamente discapacitante. De hecho, si el dolor de cabeza aparece al menos dos veces a la semana durante algunos meses, puede catalogarse como crónico.
– Sensación de opresión en la cabeza, se trata de un dolor sordo, no pulsátil.
– El dolor es generalizado; es decir, no se concentra en una sola parte de la cabeza sino a ambos lados. Aunque generalmente se irradia hasta el cuello y los hombros.
– No causan náuseas ni vómitos.
Esta cefalea suele estar provocada por problemas de índole osteomuscular en la zona del cuello, sobre todo debido a la tensión o contracción de los mismos. Como consecuencia, el dolor de cabeza tensional tiene un alto componente emocional ya que normalmente reaccionamos al estrés, la ansiedad o incluso la depresión con una tensión corporal.

¿Cuál es la relación entre las emociones y el dolor de cabeza?
A lo largo de una jornada experimentamos muchas emociones, aunque no siempre somos conscientes de ello y, por supuesto, no todas son beneficiosas. La tensión provocada por un contratiempo, la ansiedad, la ira y la tristeza no solo inciden en nuestro estado de ánimo sino que también generan cambios a nivel metabólico.
Por ejemplo, se conoce que el estrés genera grandes picos de cortisol, una hormona que provoca cambios fisiológicos tales como un aumento de la presión arterial, una mayor tensión muscular y una dilatación de las venas. Además, cuando estamos tristes, ansiosos o tensos, disminuyen los niveles de endorfinas, unas hormonas vinculadas con la relajación que pueden prevenir la aparición del dolor de cabeza. A la misma vez, disminuye nuestra tolerancia emocional ante los problemas y nuestro umbral del dolor disminuye. Todos estos cambios a nivel físico y emocional causan el dolor de cabeza o lo acentúan.
En realidad, cada una de las emociones que experimentamos provoca cambios en nuestro cuerpo que se expresan a través de diferentes señales. Muchas de las emociones negativas se expresan a través del dolor físico y son una señal de alarma. Por eso, en ocasiones en vez de tomar simplemente un analgésico para aliviar el dolor, deberíamos preguntarnos qué está sucediendo.
Ese dolor de cabeza emocional es un signo que nos indica que debemos hacer un alto en nuestro estilo de vida cotidiano y replantearnos algunas cosas. Quizás estás trabajando más de lo que podría considerarse saludable, o te estás tomando alguna situación a la tremenda, o simplemente necesitas tomarte una pausa. De cualquier forma, el dolor de cabeza emocional no es algo que se deba obviar.

¿Cómo evitar el dolor de cabeza emocional?
Una pista nos llega de un estudio realizado en la Universidad de Ohio en el que se analizó el rol de los factores emocionales en la aparición del dolor de cabeza recurrente. Después de analizar a 291 personas, 117 de las cuales sufrían dolores de cabeza a menudo, descubrieron que estas estaban sometidas a situaciones cotidianas muy estresantes que escapaban de su control.
No obstante, lo más interesante es que las personas que no sufrían dolores de cabeza recurrentes, también vivían algunas de estas situaciones. Sin embargo, utilizaban estrategias de afrontamiento más eficaces y le restaban impacto emocional a los problemas. Al contrario, quienes sufrían dolores de cabeza, tendían a culparse por los problemas y a recluirse en sí mismos, negando la ayuda que les brindaban otras personas. Esto nos indica que no son las situaciones en sí las que provocan el dolor de cabeza sino nuestra interpretación de las mismas y nuestra reacción emocional ante ellas.
De hecho, no es el único estudio que ha llegado a estas conclusiones. Psicólogos de la Universidad de Missouri-Saint Loui les dieron seguimiento a más de 500 jóvenes durante un periodo de seis meses y notaron que aquellos que reportaban más a menudo dolor de cabeza también eran quienes tenían mayores niveles de ansiedad y una tendencia a la victimización. Cuando la ansiedad y el sentimiento de culpa disminuían, también lo hacían los dolores de cabeza.
Por tanto, para evitar el dolor de cabeza emocional es necesario que:
1. Desarrolles un locus de control interno, lo cual significa que debes dejar de culparte y comenzar a tomar el control de tu vida, allí donde puedas.
2. Aprendas a manejar las emociones negativas, como la ira, de manera que no se acumulen y no te dañen. Para lograrlo, el primer paso es reconocerlas, vivenciarlas y, por último, dejarlas ir. La técnica “las hojas del río” te resultará muy útil.
3. Reencuadres los problemas, percatándote de que las situaciones en sí mismas no son estresantes, es el significado que les confieres. Es de gran ayuda que aprendas a distanciarte emocionalmente de las situaciones, como si fueras un espectador externo.
4. Destines cada día al menos dos horas a la relajación. Puedes practicar meditación, ejercicios de respiración o incluso escuchar música tranquilamente o leer un buen libro. Lo importante es que durante ese tiempo liberes tu mente de los problemas cotidianos.
5. Dejes de rumiar las preocupaciones y en su lugar, adoptes una actitud más proactiva. Es importante que seas consciente que pensar en los problemas una y otra vez no lo solucionará. En su lugar, debes esforzarte por encontrar soluciones y ponerlas en práctica.
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