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Cuando nos duele el Alma

Cuando nos duele el Alma

El alma duele. Y duele de una forma en la que a veces, es difícil poder hacer entender a otra persona cómo te sientes. Lo cierto es que es difícil que una persona desde fuera pueda ver el grado de malestar interior de otra en tanto que el daño no es algo físico, ni palpable. Las heridas no se ven a simple vista como sucede en la piel.

Al revés, el dolor del alma a veces, se enquista. Crece hasta límites insospechados hasta el punto de que una herida, en vez de menguar con el paso de los meses, el malestar se hace más grande. No siempre sucede así, pero sí existen casos de personas que se sienten así. Y la realidad es que lo peor es que el entorno no siempre acompaña demasiado.

 

No siempre te encuentras con las personas que saben ayudarte y ofrecerte un apoyo. Cuando sentimos que algún dolor se manifiesta, buscamos la asistencia de un médico. Para cualquiera de nuestros quebrantos hay soluciones: cremas, ungüentos, terapias, pastillas, cirugías, etc. En estos momentos cualquier salida nos vale para quitar el dolor físico que nos desconcentra y nos desenfoca de nuestras tareas.

 

Es curioso cómo puede que estés necesitando escuchar algo que nadie te dice. Y también, cómo puede que estés necesitando una esperanza que el resto del mundo termina matando en ti. Así sucede cuando lejos de encontrarte con personas que te permiten tener un poco de ilusión por pensar que en el mundo te puedes encontrar con ejemplos positivos de solidaridad o de ayuda social, no puedes evitar que las personas te recuerden que es mejor no esperar demasiado para no decepcionarte. Que es mejor que te consideres alguien invisible porque nadie va a ver tu valor.

 

Así se sienten muchos mendigos que piden limosna en la puerta de una iglesia ante la absoluta indiferencia de los transeúntes. Pero también se sienten así muchas personas que sufren en silencio una herida que ya no saben cómo curar. Las heridas que más cuestan superar son las del amor, las de una decepción sentimental, las de la muerte de un ser querido, la traición de un amigo o un trauma.

 

Nuestras vivencias componen aquello en lo que nos hemos convertido. Todos nuestros recuerdos y nuestras experiencias llenan nuestra historia personal y forman nuestro recorrido. Somos la historia de nuestros recuerdos.

 

Así que cada cosa que hemos experimentado, forma parte de todo nuestro proceso de evolución sobre esta tierra. Porque somos lo que hemos vivido. Cada circunstancia nos ha hecho más fuertes o más débiles, más sensibles o más duros, más alegres o más tristes, más impulsivos o más conscientes, más desconfiados o más creyentes, más sabios, más humanos. Y a la final, somos un producto de nuestras decisiones.

 

El extremo dolor, ese dolor que nos arrasa, que destruye nuestras certezas, que nos quita la inocencia de creer que somos dueños del mundo y su destino, ese que nos deja sin respuestas, caídos, desorientados, sin saber donde fijar la mirada o encontrar sentido, constituye una prueba radical para el proceso del despertar del Alma. Con él salen a luz nuestros demonios, los miedos e inseguridades más profundas, las rabias y el desaliento, la soberbia, la envidia y el aislamiento, pero también emerge lo mejor de nosotros, la certeza, la fuerza, la generosidad, la sabiduría. En ese dolor nos conocemos a nosotros mismos con una extensión y profundidad insospechadas, aparece todo lo oculto, se caen las máscaras donde nos escondíamos de nuestra fragilidad y nuestra potencia espiritual.

 

Y así como nuestro camino ha dejado huellas, también nuestros sentimientos de cómo percibimos el mundo, van formando otras que quedarán impresas en el alma. Aquí es cuando la subconsciencia imprime de emociones nuestra psique y nos convertimos en seres “sintientes”. Somos el puente de conexión entre lo que sucede alrededor de nosotros y lo que sucede internamente en nuestra Alma. Por lo tanto, siempre estamos conectados absorbiendo la sincronía de ambos universos: el físico y el emocional.

 

El sufrimiento es una prueba y una oportunidad, extremadamente delicada, pues nos puede depurar, alivianar, volvernos más abiertos y amorosos, o puede conducirnos a la pesadez, a la amargura, al sin sentido.

 


Cuando nos duele el Alma

El dolor radical nos puede llevar a la idea de que somos los únicos que sufrimos, de que somos especiales, de que sabemos algo que los demás no saben, o de que tenemos más “bonos espirituales” que el resto, nos puede conducir a la desconfianza, al ostracismo, a la soberbia o puede abrirnos a la aceptación, al amor, a una vida dirigida con mucho más potencia y claridad a nuestro aporte particular al mundo. El dolor destruye lo que algún día fuimos, nos deshace, arrasa con todo y desde él podemos levantarnos humildes, disponibles y confiados al movimiento de la Vida, o bien, arrogantes, amargos, o invadidos por el miedo de lo por-venir.

 

Esto dependerá de cuan conscientemente vivamos el proceso, de que nos abramos y aceptemos el cambio radical de nuestro estar en el mundo, de nuestro sentido de vivir que conlleva el dolor, que nos permitamos re cuestionarnos el eje en torno al cual creamos nuestra vida, que aceptemos nuestra vulnerabilidad, así como nuestra fuerza.

 

El dolor es una gran oportunidad para el Alma, pues, al arrasar con nuestras certezas y corazas habituales, abre grietas en nuestra psiquis, brechas por donde el Alma puede tocar nuestra mente y corazón con la claridad de que no importa cuánta información acumule nuestra mente, cuáles sean nuestras creencias o posturas intelectuales el misterio central de Quienes Somos, a Dónde Vamos, qué sentido tiene la Vida, hay o no algo más allá de la muerte. Sólo es revelado a la intuición, a la certeza interior, en vivencias que están más allá de la razón.

Podemos levantarnos ligeros de equipaje sabiendo que toda forma, toda manifestación concreta es fugaz, ya sea una empresa, una familia, o la vida física en sí. Que lo que perdura es la Esencia, aquello que es invisible e intangible, pero también indestructible y desde allí vivir abiertos a la vida, disponible a los cambios, confiando en que hay algo en el Centro que permanece, más allá de todo cambio.

 

Por ende, 


¿Qué hacer cuando nos duele el Alma y ese dolor abarca mucho más de lo que podríamos soportar?

  

  • 1. Asume que realmente algo te duele, y mucho.

Cuando damos por hecho y sin auto engaños, que existe una astilla que nos está punzando hondo, el camino por recorrer se hace con una perspectiva más clara. 


Cuando hacemos del dolor una realidad y lo palpamos, lo lloramos y lo vivimos a conciencia, es en ese instante cuando comenzamos a trascenderlo.Recuerda, el dolor nos hace humildes. Y nos permite mostrarnos vulnerables para sanar desde esa indefensión que atesora el cambio.

  

  • 2. Evadir que realmente existe el dolor, alarga más el proceso para sanarlo.

Por naturaleza, los seres humanos evadimos el dolor físico y hacemos caso omiso de que este existe. Tratamos de que no se vea, no se oiga, no se sienta y buscamos lo que sea por no experimentarlo. 


Y es increíble, porque fisiológicamente, en el cerebro, el hipotálamo genera endorfinas para mitigar el dolor físico haciendo más soportable la sensación, hasta buscar otro tipo de analgésico. Pero el alma no genera endorfinas, la endorfina para el Alma, eres tú.

El analgésico para el corazón, es el “darte cuenta” de que él existe.

Cuando te haces uno con el dolor; lo lloras, lo gritas y lo “abrazas” hasta llegar al fondo -creyendo que es una miseria-, es cuando en realidad se convierte en tu salvación. Y así, éste va suavizando su intensidad para que pueda ser soportado hasta buscar la vía que mejor funcione para ti, hacia la sanación.

  

  • 3. Identifica qué genera la molestia.

Comencemos por preguntarnos qué genera el dolor que siento: una circunstancia, una persona, una discusión, el trabajo, no aceptación de algo, una decepción, culpabilidad, inconformidad... 


“¿Qué está haciendo que yo me sienta mal?” “¿De dónde surge este sentimiento?” Busca el aspecto raíz del problema para que puedas sanar desde la base de la estructura, piso por piso. Busca si eres tú el que lo generó, si es otra persona, tal vez una circunstancia. Pero identifica lo que es, para comenzar a evaluar el proceso desde la raíz.

  

  • 4. Transforma la situación.

Siempre tenemos en nuestras manos las excusas para sentirnos dolidos. Y además, son siempre válidas porque son tu realidad y como tuya, ya tienen toda la importancia del mundo. Pero existe la posibilidad –y muy grande-, de que podamos transformar lo negativo en positivo. Porque si cambio mi manera de pensar, cambio todo mi mundo. Si yo decido que una situación debe concluir y llegar a un fin, yo canalizo el sentimiento hacia una salida saludable.

Si me han echado del trabajo, por supuesto que me sentiré perdido y deprimido con mi caos y la confusión en mi mente. 


Pero eres tú que sigues con tu historia, y además, es válida porque eres tú el que tienes el problema. 


Pero luego que la tormenta aminore su intensidad, debes tomar nota de todas las oportunidades que ahora están abiertas para ti y cuántas cosas podrás hacer por las cuales nunca arriesgaste nada. Ahora no hay excusas para mejorar tu realidad. Puedes hacerlo porque lo que creías que era tu mundo: tu empleo en este caso, ya no existe. Confía en la posibilidad de que el caos, trae un orden perfecto que está esperando manifestarse para ti.

  

  • 5. Si sabes que se te ha ido de las manos, busca ayuda.

Seamos humildes y reconozcamos cuándo no podemos solos con todo. No sientas vergüenza de tu dolor porque -para otros-, éste no sea tangible. 


El hecho que el dolor no se toque, no significa que no exista. No te ocultes, porque todos sentimos exactamente igual. Física y neurológicamente el ser humano está diseñado con las mismas células. Por lo tanto, lo que te pasa a ti, también me ha pasado a mi, y al de la esquina, y al de más allá. No te ocultes por algo que es común. Nada me separa de ti, ni tú de mi. Tú sientes, yo siento, él también siente. Todos somos almas "sintientes" en este Universo. 


Y cuando no podemos solventar algún problema, podemos buscar ayuda en conversaciones que sanan, porque cuando te escuchan, te escuchas y esas conversaciones son medicina para el dolor del alma.

 

El dolor no siempre tiene que ser algo negativo. Es importante sentir el dolor de otros (tanto el que hemos causado como el que no) porque puede inspirarnos a ver cuánto más necesitamos hacer. Siempre en la grandeza de tus pensamientos estará la grandeza de tus obras. Y la más importante de las obras, es crearte a ti mismo. Y sólo cuando comenzamos a sentir el dolor de otros, es que la Luz nos mostrará la mejor manera en que podemos ayudarlos.

 

Bendiciones MILES a todos.

NAMASTÉ

 

 

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GRACIAS, Bendiciones


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Los Siete Centros de la Máquina Humana

Los Siete Centros de la Máquina Humana

El organismo del Ser Humano es una máquina perfecta, única en la naturaleza. En él se dan las circunstancias, las capacidades físico-psíquicas adecuadas y necesarias para la auto-realización íntima del Ser. El Ser Humano es una máquina, una especie de robot que no tiene libertad y que está programada desde dentro, desde nuestra psiquis, manejados como si fuera un títere o marioneta.

Nuestro cuerpo posee determinados centros de control que son responsables por ejercer determinadas funciones físicas y psicológicas. Dicha máquina posee cinco centros inferiores: Intelecto, Movimiento, Instinto, Emoción y Sexo; y dos centros superiores: el Emocional Superior y el Intelectual Superior. Cada uno de esos siete centros penetra todo el organismo, sin embargo, cada cual tiene su punto básico capital en algún lugar de nuestro cuerpo.

 

El centro de gravedad del Intelecto se encuentra en el cerebro; el centro de gravedad del Movimiento se sitúa en la parte superior de la espina dorsal; el centro de gravedad de las emociones radica en el plexo solar; el centro de gravedad del instinto, en la parte inferior de la columna; el centro de gravedad del sexo, como es evidente, tiene su base en los órganos sexuales.


Cada uno de estos centros tiene sus funciones absolutamente definidas y su ámbito de acción perfectamente demarcado, sin embargo, si nos auto-observamos, veremos que la acción de nuestros agregados psicológicos los desequilibra al utilizar dichos centros de forma desequilibrada. El Ser (Alma) es el equilibrio, en cambio, el Ego es el desequilibrio.

 

Nuestros "yoes" ejercen control sobre los cinco centros inferiores de nuestra máquina humana, pero no puede manipular los dos centros superiores que son controlados por nuestra Esencia y nuestra Conciencia. Si queremos disolver el Ego, debemos estudiarlo en los cinco centros inferiores; necesitamos comprender las acciones y reacciones de cada uno de los cinco centros inferiores.


Al estudiar cómo reaccionamos ante las distintas situaciones de nuestra vida, al observar cómo dichas situaciones crean una impresión en cada uno de nuestros centros inferiores, estaremos en el camino correcto y necesario para poder eliminar a nuestros defectos psicológicos.


Utilizando el sentido de la auto-observación, veremos por nosotros mismos cómo cada escena de la vida cotidiana ejerce una impresión en nuestro interior.


Para una mejor comprensión diremos que toda escena, sonido, música, olor, palabra, ejerce una impresión en nuestros siete centros. Estas impresiones nos llegan a nuestro interior a través de nuestros cinco sentidos que son ventanas abiertas hacia el mundo exterior. Es por ello que hay que estar atentos con nosotros mismos qué nos pasa cuando experimentamos con lo escrito anteriormente y poder diferenciar nuestras emociones, sensaciones y acciones inconscientes.


Los colores, los aromas, los sonidos, las texturas y los gustos también se combinan en el mundo físico y al captarlos con los cincos sentidos vemos cómo provocan una reacción, una respuesta en nuestra parte psicológica.


Hay bebidas, músicas, colores, personas que nos agradan y situaciones, comidas o personas cuya simple presencia nos disgustan. Todo eso son reacciones del Ego hacia los estímulos que provienen del mundo exterior.


Lo interno tiene tendencia a exteriorizarse y lo externo a interiorizarse.


Si sabemos trabajar atentamente, descubriremos a nuestros "yoes" psicológicos actuando en cada instante de nuestras vidas y, a cada instante que descubrimos un defecto, debemos apelar a eliminar de nosotros este defecto.


Cuando, en el día a día, nos damos de un defecto, cuando lo distinguimos entre nuestras acciones, podemos decir que ya hemos dado el primer paso para comprenderlo, nos hemos dado cuenta de que era un elemento ajeno a nuestro Ser o Alma. Posteriormente, debemos encontrar un momento en nuestra vida para analizarlo, pero no en el mismo momento en el que está actuando.


Debemos proceder así por el hecho de que en el momento en que se está manifestando un "yo" nos está robando la energía. Si nos paramos a analizarlo, terminará por manifestarse aunque sea por un instante. Es mejor ponerle el freno, pedir su desintegración con la muerte en marcha y luego analizar lo ocurrido, buscando los resortes ocultos de nuestra acción-reacción en dicha escena.


Es interesante notar qué centros reaccionan más rápidos que otros ante las impresiones que recibimos del mundo físico. Así pues, veremos con asombro que el intelectual, al contrario de lo que pueda parecer, resulta ser el centro más lento, siendo superado en velocidad de reacción por los centros instintivo y motor.


Esto lo podemos comprobar fácilmente cuando estamos conduciendo. Cuando surge algo imprevisto en la carretera son los centros instintivo-motor quienes se adueñan de la situación y nos libran del desastre.


El centro emocional, a su vez, es todavía más rápido que el instintivo-motor. Podemos ver cómo las palabras, los insultos o los halagos son interpretados y reaccionamos antes por el emocional que por el motor-instintivo y que incluso el primero dicta órdenes a los segundos. Por ejemplo: alguien nos insulta e inmediatamente, si no estamos conscientes, le insultamos también, o le golpeamos, ordenando al centro motor que realice dicha reacción.


Continuando, veremos que es el centro sexual el más rápido de todos. Con una mirada un hombre y una mujer saben si son afines en las cuestiones amorosas o si, por lo contrario dicha afinidad no existe. A una mujer le bastan milésimas de segundo para aceptar o rechazar la invitación para bailar de un hombre.


La máquina humana, como cualquier otra máquina, se mueve bajo los impulsos de las fuerzas sutiles de la Naturaleza. Las radiaciones cósmicas en primer lugar y el "yo pluralizado" en segundo lugar, son los agentes secretos que mueven a las máquinas humanas.


El Sol con su calor y el buen o mal tiempo dan, de inmediato, lugar a que surjan determinados "yoes" que se apoderan de la máquina; algunos de estos "yoes" suelen ser más fuertes que otros. La lluvia, las contrariedades, las vanas alegrías pasajeras, originan nuevos y molestos "yoes"; pero la pobre marioneta humana no tiene noción de estos cambios porque tiene la Conciencia, el Alma, dormida y vive siempre en el último "Yo" (el Ego).


Por último conviene que repasemos, por separado, cada uno de nuestros centros:

 

 

Los Siete Centros de la Máquina Humana

 

Los Siete Centros de la Máquina Humana

Es importante notar aquí que al hablar de Centros nos referimos a algo que pertenece al Mundo Físico y, por tanto, al Cuerpo Físico. En cambio, los Chakras pertenecen al Alma o parte energética; como las Iglesias o Templos de Conocimiento, pertenecen al Espíritu.

 

1.- Centro Sexual 

  • Localización: Hueso Cóccix 
  • Función: CREAR, con tres posibilidades de sexo:

– Supra-sexo: crea los hijos de la luz, creación de los cuerpos existenciales del Ser

– Sexo normal: reproducción de la especie

– Infra-sexo: reproducción del ego animal 

  • Energía: Sexual 
  • Sentido: Tacto 
  • Defecto: Pereza

 

2.- Centro Instintivo 

  • Localización: Hueso Sacro 
  • Función: este centro cumple muchas funciones:

– Producción de todas las otras cuatro energías, por esto se le denomina el Tetra-sustentador.

– Está encargado de manejar todas las aguas del microcosmos, por lo tanto maneja la salud del cuerpo físico, la reproducción de las células, el karma, etc.

– Maneja todos los átomos metálicos de nuestro Mercurio. En ellos se encuentra nuestro Ego, por eso cuando el Centro Emocional produce un deseo este Centro se adueña de él. Por esto diremos que la principal función de este centro es Aprehender, a través del deseo: DESEAR. 

  • Energía: Vital 
  • Sentido: Gusto 
  • Defecto: Codicia

 

3.- Centro Emocional Inferior 

  • Localización: a la altura del Ombligo, sobre la columna vertebral 
  • Función: SENTIR: Emociones Positivas o Negativas. Las emociones positivas atraen y nos hacen sentir enamorados, las emociones negativas rechazan. Con emociones negativas odiamos, sentimos resentimiento y rencor. Debemos aprender a equilibrar este centro pues es el que maneja el fuego, y por tanto nos mantiene adulterando a todo momento. 
  • Energía: Emocional 
  • Sentido: Olfato 
  • Defecto: Lujuria

 

4.- Centro Intelectual Inferior 

  • Localización: a la altura del Corazón, sobre la columna vertebral. 
  • Función: PENSAR: Idear, Planear, Proyectar, Recordar. Antes de hacer cualquier cosa primero la planeamos, por eso se dice que los pensamientos son el origen de las obras. Cuando pensamos, así no lo sepamos, estamos empezando a crear. De la calidad de los pensamientos depende la calidad de las obras. Tenemos que aprender a auto-observar este centro, puesto que gasta mucha energía. La mejor manera de pensar es no pensar. 
  • Energía: Mental 
  • Sentido: Oído 
  • Defecto: Orgullo

 

5.- Centro Motor

 

Este es el centro del movimiento. Está encargado de todas las obras y palabras. Este centro es totalmente mecánico cuando se encuentra manejado por el yo psicológico. Él aprende a hacer cualquier cosa y perfecciona el movimiento hasta que no participa para nada el pensamiento. Si pensáramos cuando este centro actúa podríamos hasta matarnos, por ejemplo cuando estamos manejando un vehículo. Este centro maneja la voluntad y mientras tengamos defectos nuestras obras estarán influenciadas por ellos. 

  • Localización: a la altura de la Laringe, sobre la columna vertebral. 
  • Función: HACER con las Palabras, Obras y Omisiones. Lo que más hacen los seres humanos es hablar toda clase de boberías, casi nunca dicen ni hacen cosas útiles. 
  • Energía: Motriz 
  • Sentido: Vista 
  • Defecto: Ira

 

6.- Centro Emocional Superior 

  • Localización: Glándula Pituitaria o Hipófisis 
  • Función: JUZGAR, medir efectos 
  • Energía: De la Conciencia 
  • Sentido: Videncia o Auto-Observación 
  • Defecto: Gula

 

7.- Centro Intelectual Superior 

  • Localización: Glándula Pineal 
  • Función: SABER 
  • Energía: Del Espíritu Puro 
  • Sentido: Polividencia 
  • Defecto: Envidia

 

 

El Estado Actual de los Siete Centros

 

En todos los seres humanos los centros se encuentran desequilibrados, ya que nadie está interesado en trabajar sobre sí mismo y la casi totalidad de los seres no se conocen a sí mismos. De ahí que tengamos que empezar el trabajo por conocerlos.

El centro Instintivo como productor de energías abastece a todos los centros inferiores y los excedentes de energía son depositados en el centro Sexual. Este trabajo se hace durante la noche cuando el cuerpo físico descansa.

Al iniciar el día cada uno de nosotros nos encontramos con las baterías llenas. Y empezamos a gastar energía cada vez que usamos un centro.

Cada uno de nuestros pensamientos va gastando la energía del centro Intelectual, hasta agotar su carga inicial. Cuando esta carga se agota totalmente el centro Intelectual le roba al centro Sexual para poder seguir funcionando.

Cada una de nuestras palabras y cada uno de nuestros movimientos van gastando la energía del centro Motor. Cuando sus reservas energéticas se agotan éste tiene que robarle energía al centro Sexual para poder seguir trabajando.

Cada una de nuestras emociones en el diario vivir agotan energía del centro Emocional y a su vez éste va robando al centro Sexual.

A su vez, el centro Sexual, para trabajar, como ha sido saqueado durante todo el día, tiene que trabajar con los excedentes de los otros centros. Conclusión: no trabajan con su propia energía y nada nuevo se puede crear.

Para colmo de males muy pocos humanos conocen el Suprasexo y, cuando llegan a la práctica sexual, se esfuerzan por extraer la energía o expulsarla a través del orgasmo. Y todas las reservas energéticas son extraídas para divertirnos.

 

 

Cómo se Equilibran los Centros

 

Estrategia para el ahorro de energía

Los cinco primeros centros están caídos y trabajan equivocadamente. Los dos superiores no cayeron y trabajan equilibradamente. Muy pocos seres hacen uso de los centros superiores. La mayoría hacen mal uso de los cinco inferiores.

 

Si vamos a equilibrar los centros debemos aprender a observarlos primero.

 

El segundo paso será aprender a ahorrar energía para que no haya saqueo del centro Sexual.



Por ende, debemos comenzar a reflexionar en:

  

  • ¿Qué es el Recto Pensar? 

Cuando uno está pensando debe preguntarse si ese pensamiento es Verdadero, Justo y Útil.

  

  • ¿Qué es el Recto Sentir? 

Cuando uno está sintiendo debe preguntarse si ese sentimiento es Verdadero, Justo y Útil.

  

  • ¿Qué es el Recto Obrar? 

Cuando uno está obrando debe preguntarse si esa obra es Verdadera, Justa y Útil.

  

  • ¿Qué es el Recto Hablar? 

Cuando uno está hablando debe preguntarse si esas palabras son Verdaderas, Justas y Útiles.

 

Si iniciamos esta estrategia veremos que son muy pocas las cosas que hacemos, decimos, sentimos y pensamos que reúnen estos requisitos. Nos daremos cuenta que no hacemos sino que boberías, que nunca pensamos en nada útil, que nunca sentimos nada bueno y que hablamos hasta por los codos. Conclusión: somos un verdadero fracaso para uno mismo, por ende, para los demás.

Al poner en práctica esta estrategia se iniciará el Ahorro de energía y, ésta, nos permitirá, utilizando bien el sexo, crear los Cuerpos Existenciales del Ser y salir del estado animal en que nos encontramos actualmente.

Como cualquier posibilidad de Ser depende de esto, debemos empezar a practicarlo inmediatamente.

 

 

 

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