Relación entre Los 7 Sacramentos, El Árbol de la Vida y Los Chakras



La mayoría de las tradiciones religiosas y culturales, desde los antiguos griegos e hindúes hasta los chinos y los mayas, consideran divino el origen de la conciencia humana, el espíritu o el poder.
El hilo común a todos los mitos espirituales es que los seres humanos nos vemos inevitablemente impulsados a fusionar nuestro cuerpo con la esencia de Dios, que deseamos tener lo Divino en los huesos y en la sangre, en nuestra composición mental y emocional.

Los chakras están alineados verticalmente desde la base de la columna hasta la coronilla, para indicar que ascendemos hacia lo Divino a medida que aprendemos a dominar el influjo seductor del mundo material. En cada estadio, adquirimos una mayor comprensión de nuestro poder personal y espiritual, puesto que cada chakra representa una lección espiritual o un desafío común a todos los seres humanos.
Aunque el sistema de chakras se desarrolló en Oriente y constituyó la base para ciertas enseñanzas hindúes, budistas y racistas, los tipos de energía que describen se corresponden con la energía definida por los sefirot cabalísticos del árbol de la vida y por los siete sacramentos cristianos.
La correspondencia entre estas tres tradiciones nos lleva a comprender que la espiritualidad es mucho más que una necesidad psíquica y emocional: es una necesidad biológica innata. Nuestro espíritu, nuestra energía y nuestro poder personal son una sola y única fuerza.
Las siete verdades sagradas que comparten estas tradiciones están en el núcleo de nuestro poder espiritual. Nos enseñan la forma de orientar el poder, o fuerza vital, que circula por nuestro organismo. En efecto, encarnamos esas verdades en nuestros siete centros de poder; forman parte de nuestro sistema interno de orientación física y espiritual, y al mismo tiempo son un sistema externo de orientación para nuestro comportamiento espiritual y para la creación de salud. Nuestra tarea espiritual en esta vida consiste en aprender a equilibrar las energías del cuerpo y el alma, del pensamiento y la acción, del poder físico y el poder mental. Nuestro cuerpo contiene una plantilla o programa inmanente para la curación.
Ver el problema dentro de un marco espiritual acelera el proceso de curación, porque añade una dimensión de sentido y finalidad a sus crisis y las capacita para contribuir a curarse a sí mismos; co-crean su salud y re-crean su vida. Puesto que el estrés humano siempre corresponde a una crisis espiritual y es una oportunidad de aprendizaje espiritual, casi cualquier enfermedad permite una nueva percepción respecto al uso, mal uso o mala dirección del espíritu o poder personal.
Las sietes verdades sagradas de la cábala, los sacramentos cristianos y los chakras hindúes apoyan nuestra transformación gradual en adultos espirituales conscientes. Estas enseñanzas literales y simbólicas redefinen la salud espiritual y biológica y nos sirven para entender lo que nos mantiene sanos, lo que nos hace enfermar y lo que contribuye a sanarnos.
Las siete verdades espirituales trascienden las fronteras culturales, y en el plano simbólico constituyen un mapa de carreteras para nuestro viaje por la vida, un mapa de carreteras impreso en nuestro diseño biológico. Una y otra vez los textos sagrados nos dicen que la finalidad de la vida es comprender y desarrollar el poder del espíritu, poder que es esencial para nuestro bienestar mental y físico. Abusar de este poder agota el espíritu y arrebata fuerza vital al cuerpo físico.
Dado que la energía divina es inherente a nuestro organismo biológico, todo pensamiento que nos pasa por la mente, toda creencia que alimentamos, todo recuerdo al que nos aferramos, se traduce en una orden positiva o negativa a nuestro cuerpo y espíritu. Es magnífico vernos a través de estas lentes, pero también resulta apabullante, puesto que ninguna parte de nuestra vida o nuestros pensamientos es impotente, ni siquiera privada. Somos creaciones biológicas de diseño divino. Una vez que esta verdad forma parte de nuestra conciencia, no podemos seguir llevando una vida corriente.

El poder simbólico de los siete chakras
Según enseñan las religiones orientales, en el cuerpo humano hay siete centros de energía. Cada uno de ellos contiene una enseñanza espiritual universal para la vida, que hemos de ir aprendiendo a medida que evolucionamos hacia una conciencia superior. Esta antiquísima y sagrada forma de representación describe con extraordinaria exactitud el sistema energético humano, con sus hábitos y tendencias.
El sistema de chakras es una representación arquetípica del proceso de maduración de la persona a través de siete fases claras y diferentes. Los chakras están alineados verticalmente desde la base de la columna hasta la coronilla, lo que sugiere que ascendemos hacia lo divino dominando poco a poco la seductora atracción del mundo físico. En cada fase perfeccionamos un poco más el entendimiento del poder personal y espiritual, puesto que cada chakra representa una enseñanza de vida o un desafío común a todos los seres humanos. A medida que la persona va dominando cada chakra, va adquiriendo un poder y un conocimiento de sí misma que se integra en su espíritu y la hace avanzar por el camino que conduce hacia la conciencia espiritual, a semejanza del clásico viaje del héroe.
Ver en más detalle mi publicación LOS CHAKRAS.

El Poder simbólico de los Sacramentos Cristianos
La iglesia cristiana primitiva identificó siete sacramentos, o ritos reconocidos oficialmente, que serían realizados por sus dirigentes ordenados.
Estos siete sacramentos eran, y siguen siendo, ceremonias sagradas que imprimen (para emplear el lenguaje cristiano) caracteres concretos de «gracia o energía divina». Cada carácter de gracia corresponde a un único sacramento. Si bien actualmente los siete sacramentos se asocian principalmente con la iglesia católica romana, otras tradiciones cristianas han conservado muchos de ellos, por ejemplo, el bautismo, el matrimonio y la ordenación sacerdotal o sacerdocio.
En su sentido simbólico, cada sacramento representa también una fase de capacitación que invita a lo Divino, a penetrar en el espíritu de la persona. La propia palabra «sacra­mento» significa un rito que pide al poder de lo sagrado que entre en el alma de la persona. El sentido simbólico de los sacramentos trasciende su sentido religioso.
Los sacramentos presentan tareas simbólicas para crecer hasta una madurez espiritual y para obtener la curación, pero también son concretos en su descripción de lo que hemos de hacer en las principales fases de la vida para aceptar la responsabilidad personal que acompaña a la madurez espiritual. Los sacramentos también son los actos que hemos de realizar junto con los ritos que se realizan en nosotros. Representan los poderes que hemos de conceder a los demás y recibir de ellos.
Consideremos el sacramento del bautismo, por ejemplo, por el cual una familia acepta la responsabilidad física y espiritual de un hijo que ha traído al mundo. Nuestro reto, como adultos espirituales, es aceptar simbólica, totalmente y con gratitud a la familia en que nacimos.
En este sentido simbólico, el bautismo también significa honrar, respetar a nuestra familia y respetarnos a nosotros mismos, perdonando a nuestros familiares cualquier pena o sufrimiento que nos causaron durante nuestra infancia.
El poder contenido en ese perdón es precisamente el poder que sana al cuerpo.
Estas siete fases de iniciación personal representan los poderes innatos que hemos de hacer realidad, los poderes que hemos de emplear conscientemente afrontando los retos que nos presenta la vida.
Ver en más detalle mi publicación Los 7 Sacramentos.

El poder simbólico de las diez Sefirot
Las diez sefirot, o árbol de la vida de la cábala, comprenden una enseñanza compleja que fue evolucionando a lo largo de muchos siglos, una enseñanza increíblemente análoga a la de los chakras y sacramentos. En la cábala medieval, las diez sefirot describen las diez cualidades de la naturaleza divina. Dado que tres de estas cualidades están emparejadas con otras tres, en realidad las diez cualidades se pueden agrupar en siete planos o niveles, que suelen representarse en forma de un mítico árbol de la vida invertido, con las raíces arriba, en el cielo.
Aunque el judaísmo defiende el rostro más abstracto de Dios, las diez sefirot describen todo lo que es permisible de la personalidad de Yahvé.
A diferencia de otras tradiciones religiosas, el judaísmo jamás consideró que sus profetas fueran encarnaciones directas de lo Divino. El budismo, en cambio, comienza con un hombre, Siddhartha, que fue ungido para llevar el mensaje de la iluminación a la gente de la tierra; el budismo no describe a un Dios semejante a un ser humano, pero el hinduismo tiene muchos dioses que han venido a la tierra, y el cristianismo tiene al «hijo de Dios» que vivió treinta y tres años entre los hombres.
Las diez sefirot son las cualidades de lo Divino que también conforman al ser humano arquetípico. Estas cualidades se interpretan a la vez como la esencia de Dios y como caminos por los cuales podemos volver a Dios. Cada cualidad representa un progreso hacia una revelación más poderosa de los «nombres» o «rostros» de Dios.
Estas diez cualidades suelen describirse como vestiduras del Rey, vestiduras que nos permiten mirar al Rey, la fuente de la luz divina, sin cegarnos. La otra imagen, el árbol invertido, simboliza que las raíces de esas diez cualidades están profundamente arraigadas en una naturaleza divina que nos atrae de vuelta al ciclo mediante la oración, la contemplación y las obras. Nuestra tarea es ascender a nuestra fuente divina desarrollando esas diez cualidades en nuestro interior.
Ver en más detalle mi publicación El Árbol de la Vida.

Las cualidades de los sacramentos cristianos, las diez sefirot y el sistema de chakras son prácticamente idénticas. La única diferencia está en la forma de numerar los poderes. Mientras los sacramentos y los chakras ponen el número uno en la base y cuentan hacia arriba, las diez sefirot ponen el número uno arriba (las raíces del árbol) y cuentan hacia abajo.
Aparte de eso, las cualidades atribuidas a cada uno de los siete niveles o planos son casi idénticas.
Si logramos sentir y comprender el poder simbólico contenido en todas estas tradiciones, habremos comenzado a utilizar el poder de la visión simbólica y comprenderíamos a la teología como una ciencia de la curación del cuerpo, la mente y el espíritu.
Combinar la sabiduría del sistema de chakras con el poder sagrado inherente a los sacramentos cristianos y las características divinas expresadas por las diez sefirot nos da una visión profunda de las necesidades del espíritu y cuerpo. Aquello que sirve al espíritu enaltece al cuerpo. Aquello que mengua el espíritu mengua el cuerpo.

¿Qué son los 7 Sacramentos?


Los sacramentos son una serie de actos característicos de varias corrientes cristianas, aunque no todas, mediante los cuales los creyentes exteriorizan su relación con Dios, como hijos de éste. Las diversas corrientes cristianas discrepan sobre los actos que deben considerarse sacramentos, así como sobre las formalidades de los mismos.
El vocablo sacramento proviene del latín sacramentum, con la cual en las traducciones más tempranas del griego al latín se buscó traducir el griego mystērion (μυστήριον).
Morfológicamente, sacramentum es una derivación del verbo sacrare ('hacer santo') mediante el sufijo denominalizador -mentum (instrumental, "medio para"), esto es, sacramentum equivale gramaticalmente a 'instrumento para hacer santo'. Este vocablo se usaba a la llegada del cristianismo a Roma para designar un juramento de los soldados romanos de servicio incondicional al ejército imperial.
En cuanto a mystērion, refiere a lo que hoy en día llamamos con la palabra 'misterio' o con 'místico'. El griego bíblico, hace referencia a "lo que, estando fuera de la comprensión natural, puede ser conocido solo por revelación divina".
Los sacramentos de la Nueva Ley fueron instituidos por Cristo y son siete, a saber, Bautismo, Confirmación, Eucaristía (Primera Comunión), Penitencia (Confesión), Unción de los enfermos (Extremaunción), Orden sacerdotal (Sacerdocio) y Matrimonio. Los siete sacramentos corresponden a todas las etapas y todos los momentos importantes de la vida del cristiano: dan nacimiento y crecimiento, curación y misión a la vida de fe de los cristianos. Hay aquí una cierta semejanza entre las etapas de la vida natural y las etapas de la vida espiritual.
Siguiendo esta analogía se explican en primer lugar a los tres primeros sacramentos como la iniciación cristiana, luego los dos siguientes como los sacramentos de la curación, finalmente, los dos últimos como los sacramentos que están al servicio de la comunión y misión de los fieles. Ciertamente este orden no es el único posible, pero permite ver que los sacramentos forman un organismo en el cual cada sacramento particular tiene su lugar vital. En este organismo, la Eucaristía o Primera Comunión, ocupa un lugar único, en cuanto "sacramento de los sacramentos": "todos los otros sacramentos están ordenados a éste como a su fin".

Estos son:

Bautismo
Artículo principal: Bautismo
El bautismo es entendido como el sacramento que abre las puertas de la vida cristiana al bautizado, incorporándolo a la comunidad católica, al gran Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia en sí. Este rito de la iniciación cristiana es hecho normalmente con agua en el bautismo, con la inmersión, efusión o aspersión. O utilizando otras palabras del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, " el rito esencial del Bautismo consiste en sumergir en el agua al candidato o derramar el agua sobre su cabeza, mientras se invoca el nombre del Padre y Hijo y Espíritu Santo. El bautismo significa sumergir "en la muerte de Cristo y resucitado con Él como nueva creaturas".
El bautismo perdona el pecado original y todos los pecados personales y el castigo debido al pecado. Posibilita a los bautizados la participación en la vida trinitaria de Dios mediante la gracia santificante y la incorporación en Cristo y en la Iglesia. Confiere también las virtudes teologales y los dones del Espíritu Santo. Una vez bautizado, el cristiano es siempre un hijo de Dios y un miembro inalienable de la Iglesia y también pertenece para siempre a Cristo.
Aunque el bautismo es esencial para la salvación, los catecúmenos, todos los que mueren a causa de la fe (Bautismo de sangre), [...] todos los que bajo el impulso de la gracia, sin conocer a Cristo y la Iglesia, buscan sinceramente a Dios y se esfuerzan por cumplir con su voluntad (Bautismo de deseo), consiguen obtener la salvación sin ser bautizados, porque de acuerdo con la doctrina de la Iglesia Católica, Cristo murió por la salvación de todos. Los niños que mueren sin Bautizar, la Iglesia en su liturgia confiar en ellos para la misericordia de Dios, que es ilimitada e infinita.
En la Iglesia Católica, el bautismo se da tanto a niños como a adultos convertidos que no han sido antes bautizados válidamente (el bautismo, en mayor parte de las iglesias cristianas, es considerado válido por la Iglesia Católica porque se considera que el efecto proviene directamente de Dios, independientemente de la fe personal, aunque no la intención, del sacerdote).
Pero la Iglesia Católica insiste en el bautismo a los niños porque "habiendo nacido con el pecado original, necesitan ser liberados del poder del maligno y ser trasferidos al reino de la libertad de los hijos de Dios". Por esta razón, la Iglesia recomienda a los fieles hacer todo lo posible para evitar que una persona no bautizada venga a morir en su presencia sin la gracia del bautismo. Así, aunque el sacramento deba ser administrado por un sacerdote, delante de un enfermo no bautizado, cualquier persona puede y debe bautizarlo, diciendo: "Te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo" mientras que, con el pulgar de la mano derecha, dibuja una cruz en la frente, la boca y el pecho del enfermo.
El hecho de que el bautismo sea generalmente administrado a los niños recién nacidos, que, por eso, no entrando en la vida cristiana por su propia voluntad, explica qué requieren estas personas para recibir otro sacramento, la Confirmación, cuando llegan a una edad en la que tienen discernimiento e intelecto suficiente para profesar conscientemente la fe y decidiendo si debe o no permanecer en la Iglesia Católica. Si es así, entonces estará en este caso, confirmando la decisión que sus padres o tutores hicieron en su nombre en el día de su bautismo. Sin embargo, como este sacramento imprime carácter, quien recibió el bautismo, independiente de que lo confirme o no a través del sacramento del Crisma o Confirmación, estará bautizado para siempre.
En la Iglesia Católica, el sacramento del bautismo tiene varios símbolos, pero hay cuatro principales, que son ellos: el agua, el aceite, la túnica blanca y la vela. Cada uno representa un misterio en la vida de los bautizados. Además de estos símbolos (que son los principales), el rito romano también establece la sal, pero este símbolo es utilizado sólo de acuerdo con las orientaciones pastorales de las Iglesias particulares.
Veamos los significados de los símbolos:
- Agua: Representa el pasaje de la vida "pagana" a una "nueva vida". Ella tiene el factor de purificación, lavándonos del pecado original.
- Aceite: Representa la fortaleza del Espíritu Santo. Antiguamente, los luchadores usaban el aceite antes de las luchas para dejar sus músculos rígidos y así poder vencer. En la nueva vida adquirida por el bautismo el tiene la misma función, revestir al bautizado para las luchas cotidianas contra las asechanzas del maligno.
- Túnica blanca: Representa la nueva vida adquirida por el bautismo. Cuando tomamos baño vestimos una ropa limpia, en el bautismo no sería diferente. Somos lavados en el agua y vestidos de una nueva vida.
- Vela: Tiene dos significados: el Espíritu Santo y el don de la fe. Por el bautismo somos revestidos de muchas gracias y la principal es el Espíritu Santo, pues seremos unidos a Dios como hijos para ser santificados y esta santificación es realizada a través del Espíritu Santo. La fe es un don fundamental para nuestra vida, es a través de la que reconocemos Dios y por ella recibimos su gracia.

Crisma o Confirmación
Artículo principal: Confirmación
La confirmación del Bautismo o Crisma el bautizado reafirma su fe en Cristo, siendo ungido durante la ceremonia, recibiendo los siete dones del Espíritu Santo. La unción es hecha por el Obispo o padre autorizado, con aceite bendito el jueves de la Semana Santa.
Es un sacramento instituido para dar oportunidad a una persona - que fue bautizada por decisión ajena y que tiene, por delante de la Iglesia, compromisos asumidos por otras personas en su nombre delante de la pía bautismal – de confirmar el deseo de ser miembro de la familia cristiana dentro de la Iglesia Católica y de reafirmar aquellos compromisos, después de alcanzar la “edad de la razón”.
Simplemente, la ceremonia es la renovación de las "promesas bautismales", preguntas por el obispo que preside, en general, hace en voz alta y responde de la misma manera en la Confirmación de la comunidad.
Como el bautismo, la confirmación también imprime carácter, puedéndose administrar solamente una sola vez a cada persona.
Debido a que es un acto de afirmación de los compromisos, la persona puede jamás recibir el crisma o, yendo a participar de la ceremonia, dejar de confirmar estos compromisos.
De todos modos, el que no fue confirmado o que reusó a renovar los compromisos del bautismo, puede hacerlo en cualquier momento.
El crisma es, por lo tanto, un sacramento dependiente, complementario al bautismo, ya que no tiene importancia dada a los que no han sido bautizados.

Eucaristía o Primera Comunión
Artículo principal: Eucaristía
Es la celebración en memoria de Cristo, recordando la santa cena, la pasión y la resurrección, en que el cristiano recibe la hostia consagrada.
Es el sacramento culminante, que le da a los fieles la oportunidad de recibir e ingerir físicamente el que consideran como siendo o cuerpo de Jesucristo, en que se transformó el pan consagrado por el sacerdote, así como el vino se transforma en Su sangre.
En el sacramento de la Eucaristía, la hostia consagrada (el pan) es distribuida a los fieles, que la colocan en la boca e ingieren lenta y respetuosamente.
Para recibir la hostia, el fiel debe estar en “estado de gracia”, o sea, debe haber antes confesado sus pecados y recibido el perdón divino a través del sacramento de la Confesión o Penitencia.
La consagración no forma parte del sacramento de la eucaristía. Es un rito precedente y separado. Es un acto que solo los sacerdotes tienen el poder de practicar.
Normalmente, la consagración ocurre durante la celebración de la Misa, rito también llamado de Santo Sacrificio. El sacrificio es precisamente el acto de la consagración. Consiste en la recreación, durante la misa, de un momento de la Última Cena de los apóstoles con Cristo, cuando Él sirvió pan y vino a los apóstoles, diciéndoles que aquello era su cuerpo y su sangre.
La Iglesia Católica sostiene que, cuando el sacerdote pronuncia las palabras rituales “Esto es mi cuerpo” en relación al pan y “Esto es mi sangre” en relación al vino, sucede un fenómeno llamado transubstanciación, o sea, la substancia material que constituye el pan se convierte en el cuerpo de Cristo y la que constituye el vino se transmuta en Su sangre.
El pan transubstanciado es distribuido a los fieles que, a los que ingieren la hostia están ingiriendo el cuerpo de Cristo. La Eucaristía es considerada el sacramento de la acción de gracias, en la acepción de la palabra original griega εὐχαριστία (transc. "eukharistia").

Reconciliación, Penitencia o Confesión
Artículo principal: Reconciliación
Es la confesión de los pecados a un sacerdote, que aplica la penitencia para, una vez cumplida, propiciar la reconciliación con Cristo. En otras palabras, es el sacramento que da al cristiano católico la oportunidad de reconocer sus faltas y, si de ellas estar arrepentido, ser perdonado por Dios.
El reconocimiento de las faltas es su confesión a un sacerdote, que puede oírlas en nombre de Dios y conceder a aquel fiel Su perdón.
Del punto de vista formal, el confesante se arrodilla ante un sacerdote, el confesor, y a él le declara que pecó, que desea confesar lo que hizo y pedir a Dios que perdone sus pecados.
Después de oírlo, cabe al sacerdote ofrecer sus palabras de consejo, de censura, de orientación y confort al penitente, recomendando la penitencia a ser cumplida.
El confesado debe rezar la oración denominada Acto de arrepentimiento, después el que el sacerdote pronuncia las palabras de perdón y bendice a los penitentes, que se retira para cumplir la penitencia que se le prescribió.
La Iglesia Católica considera el sacramento de la penitencia un acto purificador, que debe ser practicado antes de la Eucaristía, para que esta sea recibida con el alma limpia por el perdón de los pecados. Pero, se entiende también que ese efecto purificador es saludar, siendo benéfico para el espíritu cada vez que es practicado.
Uno de los más rígidos deberes impuestos al sacerdote por la Iglesia es el secreto de confesión.
El sacerdote está rigurosamente y totalmente prohibido de revelar lo que oye de los files en el confesionario. El incumplimiento de ese deber es considerado uno de los mayores e más graves pecados que un sacerdote puede cometer y lo sujeta a penalidades severísimas impuestas por la Iglesia.
En las últimas décadas, especialmente después del Concilio Vaticano II -, y en vista de las dificultades cada vez mayores debido al número insuficiente de sacerdotes - la confesión individual, ha sido sustituida por una confesión comunitaria, en la que el relato del pecado no se hace a los demás participantes, sino los errores son revisados por cada persona en silencio, antes de que todos juntos oren el "acto de contrición".

Unción de los enfermos o Extremaunción
Artículo principal: Unción de los enfermos
La Unción de los enfermos es el sacramento por el cual el sacerdote reza y unge a los enfermos para estimularles la cura mediante la fe, escucha los lamentos de ellos y les promueve el perdón de Dios. Este sacramento Puede ser dado a cualquier persona que se encuentre en estado de enfermedad, y no solamente a personas que están en estado de fallecer en cualquier momento.

Orden sacerdotal o Sacerdocio
Artículo principal: Orden
El sacramento de la orden concede la autoridad para ejercer funciones y ministerios eclesiásticos que se refieren al culto de Dios y a la salvación de las almas. Está dividido en tres grados:
  • El Episcopado: Confiere la plenitud de la orden y torna el candidato legítimo sucesor de los apóstoles y le es confiado los oficios de enseñar, santificar y regir.
  • El Presbiteriado: Configura el candidato al Cristo sacerdote y buen pastor. Es capaz de actuar en nombre de Cristo cabeza y administrar el culto divino.
  • El Diaconato: Confiere al candidato la orden para el servicio en la Iglesia, a través del culto divino, de la predicación, de la orientación y sobretodo, en la caridad.


Matrimonio
Artículo principal: Matrimonio católico
El sacramento que, estableciendo y santificando la unión entre un hombre y una mujer, funda una nueva familia cristiana. Matrimonio es el casamiento entre hombre y mujer, celebrado en la Iglesia y santificado en la indisolubilidad y en la fidelidad;
Es uno de los sacramentos que imprimen carácter, aunque de forma distinta del bautismo, del crisma y de la orden. Estos tres últimos dejan en el fiel que lo recibe una marca indeleble que lo acompaña por toda la eternidad. Quien fue bautizado o crismado, quien fue ordenado sacerdote tendrá esa condición independiente de cualquier cosa, inclusive de que decida después convertirse a otro credo religioso o abandonar el sacerdocio.
El matrimonio imprime carácter sobre la pareja, sobre el conjunto que los dos cónyuges pasaran a formar, y es, por eso, doctrinariamente indisoluble. El carácter impreso por el matrimonio se disuelve con la muerte de uno de los cónyuges. Es un sacramento que solo existe habiendo dos participantes.
Otro rasgo distintivo es el sacramento del matrimonio no es enseñado por el sacerdote, sino por la pareja que, realizando el sacramento por delante de la Iglesia, pierden y reciben del sacerdote la bendición para la nueva familia que está naciendo.
Las iglesias ortodoxas también celebran estos siete sacramentos. Para las iglesias reformadas, como se ha mencionado antes, dichos símbolos manifiestan la gracia, pero no la confieren.


Véase, también "Relación entre Los 7 Sacramentos, El Árbol de la Vida y Los Chakras"



¿Qué son las Sefirot del Árbol de la Vida?


El Árbol de la Vida es uno de los más conocidos símbolos de la Geometría Sagrada. La estructura del Árbol de la Vida está conectada con las sagradas enseñanzas de la Cábala Judía, más puede ser hallado 3,000 años antes en Egipto.
Es posible observar la estructura del Árbol de la Vida en muchos sitios alrededor del universo conocido. La estructura está representada en la naturaleza y se relaciona a la Flor De la Vida.
El árbol de la vida es uno de los símbolos cabalísticos más importantes del judaísmo. Está compuesto por 10 esferas (sefirot) y 22 senderos, cada uno de los cuales representa un estado (sefirá) que acerca a la comprensión de Dios y a la manera en que él creó el mundo. La Cábala desarrolló este concepto como un modelo realista que representa un «mapa» de la Creación. Se le considera la cosmología de la Cábala.
Algunos creen que este «Árbol de la Vida» de la Cábala corresponde al Árbol de la Vida mencionado en la Biblia (Génesis 2, 9).
Este concepto metafísico (más allá de la física ) más tarde fue adoptado por algunos cristianos, hermetistas, y aún paganos.
El Árbol de la Vida se representa en el conocido Árbol Sefirótico. El mismo se compone de diez emanaciones espirituales por parte de Dios, a través de las cuales dio origen a todo lo existente. Estas diez emanaciones, para formar el Árbol de la Vida, se intercomunican con las 22 letras del alfabeto hebreo.
Es posible apreciar el detalle del desarrollo de este árbol, en libros como Sefer Yetzira. Se trata de un compendio muy profundo, que requiere instrucción adecuada, y una guía erudita.

Las 10 Sefirot
Una sefirá (pl. "Sefirot ") es un canal de energía Divina o fuerza de vida. Se describen en la literatura cabalística un total de 11 sefirot, pero siendo que dos de ellas (Keter y Daat), representan diferentes dimensiones de una misma fuerza, la tradición habla generalmente de sólo 10.
Las sefirot representan secuencialmente las distintas etapas del proceso creativo, por medio del cual Dios generó desde el mismo núcleo de Su ser infinito la progresión de reinos, los cuales culminan en nuestro universo físico finito. Como grupo coexistente, las sefirot constituyen los componentes interactivos de una única estructura metafísica o espiritual, cuya expresión "genética" puede ser reconocida en todos los niveles, y dentro de todos los aspectos de la Creación.
Subyacente al aspecto puramente estructural-funcional de la sefirá, hay una fuerza motivacional oculta, que es mejor entendida a través de su comparación con algunos estados psico-espirituales del alma humana. La forma en que el jasidismo (interpretación religiosa ortodoxa y mística dentro de la religión mosaica o judaísmo que destaca por la minuciosidad de los mandamientos que la regulan) expone las sefirot, consiste básicamente en la articulación de estos estados, y la exploración del rol que ellos juegan en el servicio del hombre a Dios en este mundo.
La configuración de las sefirot es descripta gráficamente en los textos cabalísticos con un esquema de tres ejes paralelos (kavim) en sentido vertical, representando cada uno de ellos, un modo de influencia Divina dentro de la Creación. La literatura se refiere en forma diversa a esta configuración: como sulam (escalera), etz (árbol), o tzelem Elokim (suprema "imagen de Dios"). De acuerdo a esta última designación, la configuración de las sefirot sugiere la del cuerpo humano, ya que como está escrito en la Biblia, el hombre fue hecho a imagen y semejanza de Dios. De esta manera, cada sefirá es asociada con un miembro o un órgano particular, coincidente con su posición en la estructura anatómica de las sefirot.

El orden y significado de las sefirot es el siguiente:

Kéter (la corona)
La primera numeración es llamada la inteligencia admirable u oculta porque es la luz que da el poder de comprensión del primer principio, que no tiene comienzo. Y es la gloria primaria, porque ningún ser creado puede alcanzar su esencia.
Imagen mágica: un anciano rey barbudo, de perfil.
Nombre de Yavé: Eheyé.
Arcángel: Metatrón.
Orden de ángeles: Jayot ha-Qadesh (santas criaturas vivientes).
Chakra mundano: primum móbile (los primeros remolinos), nebulosa espiral en el cielo nocturno.
Virtud: consecución. culminación de la gran obra.
Títulos: existencia de las existencias, oculto de los ocultos, anciano de los ancianos, anciano de los días, el punto liso, el punto primordial, el más alto, el rostro vasto, la cabeza blanca, la cabeza que no es, macroposopos.
Experiencia espiritual: unión con el dios Yavé.
Color atsilútico: (mundo arquetípico): brillantez.
Color briático: (mundo creativo): pura brillantez blanca.
Color yetsirático: (mundo formativo): pura brillantez blanca.
Color asiático: (mundo material): blanco, moteado de oro.
Símbolo: El punto, el punto dentro de un círculo, la corona, la esvástica.

Jojmá (sabiduría)
La segunda numeración es llamada la inteligencia iluminadora. Es la corona de la creación, el esplendor de la unidad, igualándola. Es exaltada por encima de toda cabeza, y los cabalistas la llaman «la segunda gloria».
Imagen mágica: una figura masculina barbuda.
Nombre de Yahveh: Yahveh, o Ja.
Arcángel: Razi El.
Orden de ángeles: Aufanim.
Chakra mundano: el Zodíaco.
Virtud: la devoción.
Títulos: poder de Yetsirah, Ab, Abba, el padre supremo, tetragrámaton, yod del tetragrámaton.
Experiencia espiritual: la visión de Dios cara a cara.
Color atsilútico: azul suave puro.
Color briático: gris.
Color yetsirático: gris perla iridiscente.
Color asiático: blanco moteado de rojo, azul y amarillo.
Vicio: (ninguno).
Símbolo: el falo, yod, la túnica interior de gloria, la piedra de pie, la torre, la vara de poder elevada, la línea recta.

Biná (el entendimiento)
La tercera numeración es llamada la inteligencia santificante, el fundamento de la sabiduría primordial; es llamado también el creador de la fe, y sus raíces están en el amén. Es el autor de la fe, de donde emana la fe.
Imagen mágica: una mujer madura.
Nombre de Yavé: Jehová Elohim.
Arcángel: Zafqi El.
Orden de ángeles: Aralim, tronos.
Chakra mundano: Saturno.
Virtud: silencio.
Títulos: Ama (la madre estéril oscura), Aima (la madre fértil brillante), Jorsia (el trono), Mará (el gran mar). sabiduría)
Experiencia espiritual: visión del pesar.
Color atsilútico: carmesí.
Color briático: negro.
Color yetsirático: marrón oscuro.
Color asiático: gris, moteado de rosa.
Vicio: avaricia.
Símbolo: la vulva y la vagina, el kteis, la vesica piscis, la copa o cáliz, la túnica exterior de ocultamiento.

Dáat (el conocimiento)
Imagen mágica: una cabeza con dos caras, mirando a ambos lados.
Nombre de Yavé: una conjunción de Jehovah y Jehovah Elohim.
Arcángel: Eleksarpé, Komananu, Tabitom.
Orden de ángeles: serpientes.
Chakra mundano: Sirio o Sothis, en la constelación del Can.
Virtudes: desapego, perfección de la justicia, y la aplicación de las virtudes no corrompida por consideraciones de la personalidad, confianza en el futuro.
Títulos: la sefirá invisible, la sefirá mística, la mente cósmica escondida o no revelada, la habitación superior.
Experiencia espiritual: visión a través del abismo.
Color atsilútico: lila.
Color briático: gris plateado.
Color yetsirático: violeta puro.
Color asiático: gris, moteado de oro.
Vicios: duda del futuro, apatía, inercia, cobardía (miedo del futuro), orgullo (conducente al aislamiento y a la desintegración).
Símbolo: la celda del condenado, el prisma, el cuarto vacío, la montaña sagrada de cualquier raza, un grano de cereal, la ausencia completa de símbolo.

Jesed (la misericordia, bondad)
La cuarta numeración es llamada la inteligencia cohesiva o receptiva porque contiene todos los santos poderes, y de ella emanan todas las virtudes espirituales con las más exaltadas esencias. Ellas emanan una de la otra por virtud de la emanación primordial, la corona más elevada, Kéter.
Imagen mágica: un rey poderoso, coronado y entronizado.
Nombre de Yavé: El (dios ugarítico).
Arcángel: Zadqi El.
Orden de ángeles: jasmalim (brillantes).
Chakra mundano: Júpiter.
Virtud: obediencia.
Títulos: gedulá (amor, majestad, magnificencia).
Experiencia espiritual: visión del amor.
Color atsilútico: violeta profundo.
Color briático: azul.
Color yetsirático: púrpura profundo.
Color asiático: azul profundo, moteado de amarillo.
Vicio: intolerancia, hipocresía, glotonería, tiranía.
Símbolo: la figura sólida, el tetraedro, el orbe, la vara, el cetro, el cayado.

Guevurá (la severidad, poder)
La quinta numeración es la inteligencia radical porque se asemeja a la unidad, uniéndose con biná (el entendimiento), que emana de las profundidades primordiales de jojmá (la sabiduría).
Imagen mágica: un poderoso guerrero en su carroza.
Nombre de Yavé: Elohim Gibor.
Arcángel: Kama El.
Orden de ángeles: Serafín (serpientes de fuego).
Chakra mundano: Marte.
Virtud: energía, coraje.
Títulos: pajad (temor) y din (justicia).
Experiencia espiritual: visión del poder.
Color atsilútico: naranja.
Color briático: rojo escarlata.
Color yetsirático: escarlata brillante.
Color asiático: rojo moteado de negro.
Vicio: crueldad, destrucción.
Símbolo: el pentágono, la rosa de cinco pétalos, la espada, la lanza, el látigo, la cadena.

Tiferet (la belleza)
La sexta numeración es la inteligencia mediadora, porque en ella están multiplicados los influjos de las emanaciones; pues hace que esa influencia fluya a todos los reservorios de las bendiciones con las que ellas mismas están unidas.
Imagen mágica: un rey, un niño, un dios sacrificado.
Nombre de Yavé: Jehová Aloá va Dáat.
Arcángel: Rafael.
Orden de ángeles: melekim (reyes).
Chakra mundano: el Sol.
Virtud: devoción a la gran obra.
Títulos: Zoar Anpin, El Rostro Menor, Melej, el Rey.
Experiencia espiritual: Visión de la Armonía de las Cosas.
Color atsilútico: amarillo, dorado
Color briático: amarillo.
Color yetsirático: salmón-rosa rico.
Color asiático: ámbar dorado.
Vicio: orgullo.
Símbolo: el lamen, la rosa cruz, la pirámide truncada, el cubo.

Netsaj (la eternidad, victoria)
La séptima numeración es llamada la inteligencia oculta porque es el esplendor refulgente de las virtudes intelectuales que son percibidas por los ojos del intelecto y las contemplaciones de la fe.
Imagen mágica: Una bella mujer desnuda.
Nombre de Yavé: Jehová Tsabaot.
Arcángel: Hani El.
Orden de ángeles: Elohim (los dioses).
Chakra mundano: Venus.
Virtud: generosidad.
Títulos: firmeza, valor.
Experiencia espiritual: visión de la belleza triunfante.
Color atsilútico: ámbar.
Color briático: esmeralda.
Color yetsirático: verde amarillo brillante.
Color asiático: oliva, moteado de oro.
Vicio: impudicia, lujuria.
Símbolo: lámpara y cinto, rosa.

Hod (la majestuosidad, esplendor)
La octava numeración es llamada la inteligencia absoluta o perfecta, porque es el instrumento de la primordial, que no tiene raíz por la que penetrar y descansar, salvo en los lugares escondidos de gevurá, de donde emana su esencia idónea.
Imagen mágica: un ser hermafrodita.
Nombre de Yavé: Elohim Tsabaot.
Arcángel: Mig El
Orden de ángeles: Beni Elohim (‘hijos de los Señores’).
Chakra mundano: Mercurio.
Virtud: veracidad.
Títulos: (ninguno).
Experiencia espiritual: visión del esplendor.
Color atsilútico: violeta púrpura.
Color briático: naranja.
Color yetsirático: rojo bermejo.
Color asiático: negro amarillento, moteado de blanco.
Vicio: falsedad, deshonestidad.
Símbolo: nombres y versículos, mandil.

Yesod (el fundamento)
La novena numeración es llamada la inteligencia pura, porque purifica las emanaciones, prueba y corrige el diseño de sus representaciones, y dispone la unidad con la que están diseñadas sin disminución o división.
Imagen mágica: un bello hombre desnudo, muy fuerte.
Nombre de Yavé: Shadai el Jai.
Arcángel: Gabri El.
Orden de ángeles: querubín (los fuertes).
Chakra mundano: la Luna.
Virtud: independencia.
Títulos: la casa del tesoro de las imágenes.
Experiencia espiritual: visión de la maquinaria del universo.
Color atsilútico: índigo.
Color briático: violeta.
Color yetsirático: púrpura muy oscuro.
Color asiático: limón moteado de azul.
Vicio: ociosidad.
Símbolo: perfumes y sandalias.

Malkut (el reino)
La décima numeración es llamada la inteligencia resplandeciente, porque está exaltada por encima de toda cabeza y se sienta sobre el trono de Biná. Ilumina los esplendores de todas las luces, y hace emanar una influencia desde el príncipe de las faces, el ángel de Kéter.
Imagen mágica: una joven mujer, coronada y entronizada.
Nombre de Yavé: Adonai Malej, o Adonai ha-Arets.
Arcángel: Sandalfón.
Orden de ángeles: ashim (almas de fuego).
Chakra mundano: esfera de los elementos.
Virtud: discriminación.
Títulos: el portal, portal de la muerte, portal de la sombra de la muerte, portal de lágrimas, portal de justicia, portal de oración, portal de la hija de los poderosos, portal del jardín del Edén, la madre inferior, Malká (la reina), Kalá (la novia), la Virgen.
Experiencia espiritual: conocimiento y conversación del santo angel guardián.
Color atsilútico: amarillo.
Color briático: limón, oliva, bermejo y negro.
Color yetsirático: limón, oliva, bermejo y negro, moteado de oro.
Color asiático: negro, rayado de amarillo.
Vicio: la avaricia.
Símbolo: altar de doble cubo, cruz de brazos iguales, círculo mágico, triángulo de evocación.





Los 22 senderos o caminos del  Árbol

abecedario-hebreo



Para más información, ver  La Kabbalah y su importancia en la Humanidad


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Om mani padme hum


Om mani padme hum (sánscrito ॐ मणि पद्मे हूँ, oṃ maṇi padme hūṃ) es probablemente el mantra más famoso del budismo, el mantra de seis sílabas del bodhisattva de la compasión, Avalokiteshvara (en sánscrito) o Chenrezig (en tibetano). El mantra se asocia en particular con la representación de cuatro brazos Shadakshari de Avalokiteshvara. Se dice que el Dalái Lama es una reencarnación de Avalokiteshvara, razón por la cual el mantra es particularmente venerado por sus seguidores.

Mito del Mantra:
Se cuenta que, hace innumerables eras, mil príncipes hicieron el voto de convertirse en budas. Uno de ellos decidió llegar a ser el Buda que conocemos con el nombre de Gautama Sidharta; Avalokiteshvara, empero, hizo el voto de no alcanzar la iluminación hasta que los otros mil príncipes se hubieran convertido en budas. Además, en su infinita compasión, hizo también el voto de liberar a todos los seres conscientes de todos los Mantra de la Compasión sufrimientos de los distintos reinos del sámsara, y formuló la siguiente plegaría ante los budas de las diez direcciones: Qué pueda ayudar a todos los seres, y si alguna vez me canso de esta gran obra, que mi cuerpo se destruya en mil pedazos¨. En primer lugar se dice, descendió a los reinos infernales, y luego ascendido gradualmente por el mundo de los espíritus hambrientos, y así sucesivamente hasta llegar al reino de los dioses. Una vez allí, volvió la vista hacia abajo y consternado descubrió que aunque había salvado innumerables seres del infierno, seguían cayendo otros seres en número igualmente incalculable. Esto lo sumió en el más profundo pesar, y por un instante casi perdió la fe en el noble voto que había hecho, de manera que su cuerpo estalló en mil pedazos. En su desesperación, Avalokiteshvara pidió ayuda a todos los budas, que acudieron a socorrerle desde todas las direcciones del universo, en forma de una ventisca de copos de nieve, según dice un texto. Con su gran poder, los budas volvieron a reunir sus pedazos, y a partir de entonces Avalokiteshvara tuvo once cabezas y mil brazos, y un ojo en cada palma de su mano, como símbolo de esa unión de sabiduría y medios útiles que es la marca de la autentica compasión. Bajo esta forma, era aun más resplandeciente que antes y dotado de un mayor poder para ayudar a todos os seres, y su compasión se volvió aun más inmensa mientras repetía una y otra vez este voto ante todos los budas: Qué no alcance el estado final de buda hasta que todos los seres conscientes alcancen la iluminación.
Se cuenta que en su pesar ante los sufrimientos del sámsara le cayeron lágrimas de los ojos, lágrimas que por la bendición de los budas, reconvirtieron en las dos Taras. Una es tara en la forma verde, que es la fuerza activa de la compasión y la otra que es la Tara en su forma blanca, que es el aspecto maternal de la compasión. El nombre de Tara significa: ¨la que libera¨; la que nos trasporta a la otra orilla del océano del sámsara.
Está escrito en los sutras del Mahayana que Avalokiteshvara dio su mantra al propio Buda, y Buda a su vez le concedió la tarea noble y especial de ayudar a todos los seres del universo a alcanzar la budeidad. En aquel momento, todos los dioses hicieron caer una lluvia de flores sobre ellos, la tierra tembló y el aire resonó con el sonido OM MANI PADME HUM HRIH.
Dice un poema:
"Avalokiteshvara es como la luna
Cuya fresca luz extingue los fuegos ardientes del sámsara;
Bajo sus rayos, el loto de la compasión de la floración nocturna
Abre por completo sus pétalos."

LA ENSEÑANZA DE SU SIGNIFICADO Y EL USO SEGÚN LA TRADICIÓN TIBETANA:

Las enseñanzas explican que cada una de las seis sílabas que componen el mantra, OM MA NI PAD ME HUM, tiene una virtud especifica y poderosa para provocar la trasformación en distintos aspectos de nuestro ser. Las seis sílabas purifican completamente las seis ponzoñosas emociones negativas, que son manifestación de la ignorancia y que nos hacen obrar de un modo negativo con el cuerpo, el habla y la mente, creando así el sámsara y el sufrimiento que en él experimentamos. Por mediación del mantra, el orgullo, los celos, el deseo, la ignorancia, la codicia y la ira se trasforma en su verdadera naturaleza, la sabiduría de las seis familias de budas que se manifiestan en la mente iluminada.
Así pues cuando pronunciamos el mantra OM MANI PADME HUM, se purifican las emociones negativas que son la causa de los seis reinos del sámsara. Es así como la recitación de las seis sílabas evita el renacimiento en los seis reinos y disipa además el sufrimiento inherente a cada uno de ellos. Al mismo tiempo, recitar OM MANI PADME HUM purifica por completo los agregados del yo, los escandas, y perfecciona las seis clases de acción trascendental del corazón de la mente iluminada, las paramitas de generosidad, la conducta armoniosa, la paciencia, el entusiasmo, la concentración y la sabiduría. Se dice también que OM MANI PADME HUM confiere una poderosa protección contra toda clase de influencias negativas y contra las distintas formas de enfermedad.
A menudo se le añade al mantra la sílaba HRIH, la sílaba semilla de Avalokiteshvara, de modo que se convierte en OM MANI PADME HUM HRIH.
HRIH es la esencia de la compasión de todos los budas, es el catalizador que activa la compasión de los budas para transformar nuestras emociones negativas en su naturaleza de sabiduría.
Kalu Rimponché escribe:
"Según otra manera de interpretar el mantra, se puede decir que la silaba OM es la esencia de la forma iluminada; MANI PADME, las cuatro silabas centrales, representan el habla de la iluminación, y la última sílaba, HUM, representa la mente de la iluminación. El cuerpo, el habla y la mente de todos los budas y Bodhisattvas son inherentes al sonido de este mantra, que purifica los oscurecimientos del cuerpo, habla y mente, y lleva a todos los seres al estado de realización. Sumado a nuestra fe y a nuestros esfuerzos de meditación y recitación, surge y se desarrolla el poder trasformador del mantra. Podemos verdaderamente purificarnos de esta manera."

PRÁCTICA MEDITATIVA DEL MANTRA:

Reverenciar con las manos en el corazón a los budas de las cuatro direcciones de forma discreta y con gran respeto, una vez terminado tomar el rosario (Japa Mala) de 108 cuentas en nuestra mano derecha y sentarse en una postura cómoda en la cual podamos mantener la columna vertebral recta y a la vez el cuerpo relajado con los ojos entre abiertos y la mirada difusa sin fijar la vista en nada pero apuntando hacia el suelo a un metro delante de nosotros aproximadamente, acto seguido realizar la siguiente invocación mentalmente para motivar nuestra meditación y nuestra vida a la iluminación de todos los seres.

1er paso - Invocación
Por el poder y la verdad de esta práctica:
Que todos los seres tengan felicidad y lo que causa la felicidad;
Que todos sean libres de pena y de las causas de la pena;
Que no se separen nunca de la felicidad sagrada en la que no hay sufrimiento alguno;
Y que todos vivan en ecuanimidad, sin demasiado apego ni demasiada aversión,
Y que vivan creyendo en la igualdad de todo lo que vive.

2do paso - Transmisión de poder a través del Mantra
Posteriormente visualizar la conciencia de todos los budas de compasión como una potente luz enfrente a nosotros y pronunciar el monosílabo OM visualizando que de la luz de los budas sale un Rayo de luz blanca que toca nuestra frente y llena todo nuestro cuerpo, trasmitiéndonos la esencia iluminada que purifica todos nuestros canales sutiles aportándonos la bendición del cuerpo de los budas eliminándonos el karma negativo que se halla acumulado a través de acciones erróneas con nuestro cuerpo; continuar con las cuatro sílabas MANI PADME, visualizando que de la luz de los budas sale un rayo de color Rojo Rubí, que va hacia el centro de energía de la garganta y nos llena todo el cuerpo, trasmitiéndonos el habla iluminada de todos los budas, limpiando todo el karma negativo que se halla generado a través del habla; terminando el mantra con la sílaba HUM, visualizando que de la luz de los budas sale un chorro le luz azul (del color del lapislázuli) y que va hacia el centro de energía del corazón y invade todo el cuerpo, que la bendición de la mente iluminada de todos los budas nos embarga limpiando el karma acumulado a través de nuestro pensamiento abriéndonos a la energía creativa que proviene de la mente iluminada de todos los budas.
Posteriormente pasar la primera cuenta del rosario y repetir esta practica hasta haber pasado las 108 cuentas

3er paso - Reposar en la conciencia de los budas y dedicar los meritos así obtenidos a todos los seres.
Ahora disuelva todo su cuerpo que es pura luz en la luz de los budas que se hacen uno con usted en la naturaleza original pura de su mente. Reconozca que esta naturaleza es comparable al cielo infinito y libre de manchas y macula sienta su mente en su verdadera morada de la cual usted nunca ha salido, repose en la profunda paz de este conocimiento cuanto tiempo usted desee y se sienta cómodo aproveche al máximo esta experiencia, entonces después de algunos minutos sienta que le trasmite a todos los seres conscientes la dicha y los beneficios de esta meditación volviendo poco a poco a su consciencia ordinaria pero sin perder la certeza que es parte de un gran todo camine junto con esa gran inmensidad que todo lo abarca, sepa que solo las limitaciones de nuestros pensamientos son los que nos hacen sentirnos solos o separados de este conocimiento. Mantenga esta actitud en el resto del día de ser parte de todo lo que lo rodea a cada paso en cada momento, esta practica le permitirá alcanzar la conciencia iluminada en pocos años de vida después de grandes ciclos de ignorancia.


Transliteración:
En el inglés y otros idiomas, el mantra es transliterado de varias maneras, dependiendo de la escuela del budismo y los maestros individuales. Entre las posibles transliteraciones hay las siguientes:
  • (sánscrito): oṃ maṇi padme hūṃ
  • inglés: Om mani padme hum, om mani padme hung y sus variantes
  • tibetano: om ma ni pe me hung o hum (pronunciación tibetana donde se refleja la sílaba "pad" པད་ se pronuncia [pe]) ཨོཾ་མ་ཎི་པ་དྨེ་ཧཱུྃ། .
  • chino: 唵嘛呢叭咪吽 ǎn má ní bā mī hōng (la transliteración china usa caracteres para representar aproximadamente sonidos).
  • coreano: 옴마니 반메훔 eom mani panme hum (pronunciación coreana)
  • japonés: オンマニハツメイウン on mani hatsu mei un (pronunciación japonesa)
  • mongol: Ум маани бадми хум o um maani badmi khum
  • vietnamita: úm ma ni bát ni hồng o án ma ni bát mê hồng


Significado e interpretación:
Los mantras son interpretados de varias maneras por sus practicantes, o simplemente como meras secuencias de sonidos cuyos efectos caen fuera de una posible definición estricta. Aunque este mantra en muchas ocasiones se traduce como "la joya en el loto", en otras se traduciría como "Om la joya en el loto Hum."
Un practicante podría expandir el significado del mantra, determinando por ejemplo que las seis sílabas representan la purificación de los seis reinos de la existencia:



Pronunciación:
Este es el sonido del mantra de la manera que lo canta un refugiado de Tíbet:

Formato"wav"








Mantra para meditar:


OM MANI PADME HUM


   Para entrar en la dimensión sagrada del sonido del afecto amoroso, lo único que necesita es pararse un momento. Hágalo ahora mismo, tómese un descanso, tome una respiración profunda. Visualice la imagen amorosa mas genuinamente exaltada de amor incondicional y de compasión que pueda imaginar. Puede ser Buda, Tara, Maria, Jesús, un Santo, un Maestro en particular o un arcángel o ángel. Dirija hacia esta imagen pensamientos de gratitud, de devoción, de confianza, de Fe y de aprecio.


   Con este pensamiento o imagen en su mente, entone el Om Mani Padme Hum suavemente, regularmente. Utilice este mantra de amor y compasión para suavizar, para tranquilizar, para aquietar su mente, su energía y su espíritu. Utilícelo para disolver cualquier dureza o constricción que exista en su corazón, para fortalecer y liberar su temple. Cántelo una y otra vez, despertando ante la presencia de ese ser exaltado, que es la realidad sagrada o dimensión  espiritual. Sienta dónde se encuentra, lo que es, quién es y quién puede llegar a ser. Permita que se disuelva todo dentro de esta corriente susurrante; de esta especie de sonido repetitivo a manera de cántico que es el mantra de la Gran Compasión.


Om Mani Padme Hum... Om Mani Padme Hum... Om Mani Padme Hum


      Ahora piense en alguien a quien ame verdaderamente: el esposo (a), un hijo (a), un padre o madre, un amigo (a), una mascota y extiéndales a ellos su amor incondicional y su empatía... y luego haga lo mismo con unas cuantas personas más. Siga proyectándose mientras visualiza los radiantes y claros rayos de su amor. 
¿Hasta dónde puede llegar?...
Siga adelante...


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