ANGELORAPIA (Angeloterapia)

MISIÓN: "Exhortar al lector al descubrimiento de nuevas técnicas de bienestar y sanación que existen a través de los Ángeles, tales como la Meditación, el Yoga, el Chi Kung, etc.; que le ayudarán a retomar su vida espiritual y a reencontrarse consigo mismo, entendiéndose y sanándose, convirtiéndose en personas más plenas, más felices y, por ende, a enfrentarse con mayor coraje y positivismo a los embates de la vida diaria".



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“Con el Poder del Yo Soy, el que Yo Soy y mí Intención más Pura, YO Decreto, Aquí y Ahora: Que hago reinar permanentemente el Amor, la Paz y la Alegría en mí y mí alrededor, para mi más alto beneficio, el de TODOS, de la Madre Tierra y del Universo Entero.
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El Sistema Chakra Como Reflejo de la Conciencia

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Abordar la anatomía energética humana, es decir, los chakras y sus canales subsidiarios de distribución o nadis, desde una perspectiva estrictamente científica es un reto en la actualidad. Tal vez comiencen a ser extrapolables algunos modelos de la llamada nueva física (Relativista y Cuántica).
La detección del cuerpo energético del hombre, hoy por hoy (quitando los electrodos detectores de puntos de acupuntura y la fotografía kirlian), escapa de la técnica médica actual.
El conocimiento de la anatomía energética humana está avalado por 5000 años de experiencia de Escuelas de Medicina tan prestigiosas y difundidas como la Medicina Tradicional China y la Medicina Tibetana o Ayurvédica. Esto supone que el estudio de la enfermedad, y su potencial curación, para dos tercios de los habitantes de este planeta se basa en principios energéticos.
Un sinnúmero de aplicaciones de este saber se han difundido por todo el hemisferio occidental, siendo algunos de ellos: la Acupuntura, el yoga, el tai chi chuan, el reiki..., y otros muchos que no serian eficaces sin la existencia del cuerpo energético humano, pilar en el que se basan.
No obstante, intento con este escrito establecer un modelo que se aleje de la mentalidad oriental y se acerque, por lo tanto, a la comprensión del hombre medio del occidente.
He intentado conciliar la visión animista y fisiológica del occidente y la espiritual y energética del oriente, con el objeto de elaborar un sistema integrador que sirva de soporte físico de la conciencia y del ser, es decir, que sea un trípode de sustentación del espíritu en la anatomía humana.
Este puente entre la "forma" (estructural) del occidente y el "color" (energético) del oriente persigue, básicamente, una finalidad integradora y de enriquecimiento del conocer en su más amplio sentido.
Es un trabajo basado en la analogía, pues me parece una estructura formal de desarrollo lógico, fiable y sugerente. Estableceré patrones que son observables en la naturaleza y que se reproducen en el hombre.
La naturaleza que nos rodea es un increíble texto donde, sin duda, están las respuestas de todo el porqué del hombre. El medio natural, desde mi experiencia, es un enorme y efectivo engranaje presto a contestar las incógnitas de aquél, que inquieto, pregunta.


El sistema chakra como órgano energético de conciencia

El término chakra, traducido del sánscrito, significa rueda. Y en su conjunto constituyen un sistema de órganos energéticos, es decir, no perceptibles con la visión habitual, pero indispensables en el desarrollo y mantenimiento de la manifestación y evolución del hombre en el más amplio de sus sentidos. Y en esta línea, la energía que contienen sus conos de luz gira vertiginosamente, comunicando el exterior con el interior de la esfera humana. Lo que se ha denominado sistema chakra, se activa a partir de la primera inhalación, es decir, en el nacimiento.
Son pues órganos digestivos energéticos, siendo el órgano donde se genera una energía psíquica llamada conciencia. Esta conciencia, en función de su vibración, se acumulará en tres compartimentos o cuerpos energéticos denominados por la tradición esotérica vital, astral y mental.
Pero entendámoslo bien, los chakras, al igual que sus canales de distribución subsidiarios o nadis, no son ni mucho menos exclusivos de los humanos, estando difundidos en todo el Cosmos.
Chakras posee el reino mineral, materializados en sus estructuras cristalinas geométricas. Analógicamente, chakras son las flores con las que se adorna el reino vegetal. Chakras, asimismo, poseen los animales. Chakras existen en el macrocosmos, representado, por ejemplo, a nivel planetario, por los lugares de poder o telúricos del planeta Tierra. De igual manera, los llamados puntos de acupuntura poseen la estructura y funcionalidad de un pequeño chakra. Todos estos serían chakras naturales. Existen chakras artificiales, como son las campanas de las iglesias o las pirámides de Egipto.


La forma piramidal como geometría arquetípica de los chakras

El arquetipo definitorio propio de los chakras sería la forma piramidal. Una pirámide en giro determina un cono. El número cuatro (cuatro caras de la pirámide, cuatro lados de su base) determina un tipo de frecuencia en el giro del cono que potencialmente tendría la capacidad de materializar un proyecto imaginado previamente.
La mente sería aquél "compartimento" capaz de acumular contenido mental, es decir, conocimiento, conciencia hecha memoria. La estructura piramidal sobre la materia orgánica tiene la capacidad de deshidratar, es decir, momificar la materia orgánica preservándola en su interior y evitando su putrefacción. Los pensamientos a nivel energético poseen una forma, que influida por el campo energético emanado por la geometría piramidal, provocaría la fijación de esta idea actuando a modo de grabadora. Esto es lo que ocurre con los chakras.


La conciencia humana como reflejo de la conciencia del Cosmos

El hombre es una perspectiva mental del macrocosmos. Cada ser humano está dotado de un depósito propio de energía psíquica denominado mente. Esta mente es como una red capaz de almacenar, de forma virtual, el sedimento que deja su pensar y su sentir, y al que denominamos conciencia.
El humano, a lo largo de su existencia, va depositando conciencia elaborada en varios niveles, que van desde el puramente cotidiano, que sería la perspectiva de andar por casa, hasta un nivel o escalón más elaborado que sería la conciencia espiritual.
Esta conciencia es un tipo de energía que posee una cualidad específica, y esta es que tiene la capacidad de contemplarse a sí misma a través de lo que hemos denominado núcleos de energía pensamiento-sentimiento. Cuando nosotros pensamos o sentimos algo propio y personal sobre un aspecto determinado de nuestra vida, en realidad estamos contemplándonos a nosotros mismos como un foco de visión e interpretación del Cosmos único y exclusivo. El Cosmos existe, evoluciona, y se desarrolla a través de nuestra existencia, nuestra evolución y nuestro desarrollo. Luego la conciencia existe porque se refleja, es decir, percibe el Cosmos y se contempla en él. Y el sistema chakra se encarga de obtener un reflejo de nuestra conciencia como si fuera un espejo. El sistema chakra es el espejo donde nosotros contemplamos nuestro Cosmos existencial. El ser humano, al desarrollar su vida, diferenciará de forma errónea su reflejo con lo de fuera, y se identificará con el espejo que obtiene el reflejo, es decir, con su forma y con su mente. De este modo, el ser mental humano se identificará con su cuerpo físico, con lo de dentro, y considerará ajeno a él el mundo que percibe, lo de fuera.
Pero lo que somos en realidad es toda la porción del Universo que somos capaces de percibir e interpretar de nuestra particular y única manera.

  
El árbol de la vida: Compartimentos energéticos de la conciencia

El cuerpo físico del hombre es una donación de la Madre Tierra, de nuestro planeta, depositada progresivamente a través de nuestra alimentación como si de una construcción se tratase sobre un hipotético plano energético que es nuestro patrón de diseño y que la Medicina Tradicional China llama cuerpo energético. Este depósito de material planetario es reconvertido para su uso en nuestro ser físico, comenzando este proceso a partir del útero materno, continuándose en el uso de nuestra alimentación para nuestro propio crecimiento y remodelándose y, por lo tanto, cambiando de aspecto a lo largo de nuestro ciclo vital.
La consabida frase, que a todos nos han dicho alguna vez, de polvo eres y en polvo te convertirás no es más que un recordatorio de esta realidad. Somos seres espirituales que "vivimos" en el reino de nuestra mente. Y, a través de un balcón en dicha mente, nos asomamos a una perspectiva del Cosmos que llamamos existencia. Somos seres energéticos del Cosmos que hemos anidado en nuestra Madre Tierra echando raíces, y estas raíces están constituidas por nuestro cuerpo físico, pero poseemos del mismo modo, un tallo con ramas, una porción aérea que ha de formarse a partir de las vivencias que posibilita esta raíz planetaria. Esta porción aérea, energética, serían nuestro cuerpo astral y nuestro cuerpo mental dependientes en su formación de las vivencias efectuadas en nuestro ciclo existencial planetario.
Nuestro cuerpo energético, aquél a través del cual se infunde vida y forma a nuestro cuerpo físico, al final de nuestra existencia abandona al mismo, con lo que acontece el proceso de la muerte, tras el cual el material planetario es reciclado de nuevo y reintegrado a la Madre Tierra.
En todo esto hay una unidad, una cadena de eslabones engarzados coherentemente. Y es esta: La materia evoluciona en función de una serie de procesos físicos y químicos, pero estas reacciones físicas químicas no tendrían lugar si no estuvieran animadas por un principio energético. Este principio energético es la manifestación a partir de la cual el espíritu o principio inamovible tiene la posibilidad de evolucionar, de moverse. Luego, la inerte materia se desarrolla por la función físico química, de forma análoga a como el espíritu se desarrolla a partir del principio energético. Cuando el hombre adquiera la capacidad para comprender las leyes que unen el eslabón de la física y la química con el principio energético vital humano habrá obtenido una pista a partir de la cual su mente se puede deslizar comprendiendo, desde sus porciones más materiales, hasta sus porciones más místicas y espirituales. Pues desde la estructura molecular del aminoácido hasta el espíritu, en el ser humano existe una unidad desarrollada en varios estados o niveles de forma análoga a cómo la estructura molecular de lo que denominamos agua se puede manifestar de forma sólida o como hielo, líquida o gaseosa, dependiendo de las leyes físico químicas y energéticas que se establezcan en el entorno en ese momento determinado.
El humano posee igualmente varios niveles manifestativos. Ya hemos he de la manifestación planetaria o cuerpo físico como raíz, a la que le seguiría el principio energético o aéreo que estaría constituido por el tallo y las hojas del ser.
Este principio energético, en el hombre podría estructurarse en tres compartimentos diferentes, inter penetrados de forma digamos virtual desde la raíz, cuyo contenido serían formas estructuradas de energía conciencia. Estas formas estructuradas son tres compartimentos energéticos llamados cuerpos vital, astral y mental.
A lo largo de la experiencia existencial el hombre, en la elaboración de su cotidiano pensar y sentir, va formando ladrillos de núcleos de energías pensamiento-sentimiento de diversos niveles vibracionales que depositados de forma organizada constituyen los cuerpos energéticos de la conciencia humana. Estos cuerpos se van construyendo progresivamente, y cada uno tiene un nivel vibracional donde los ladrillos de la conciencia se van depositando en función de esa afinidad vibracional.
El nivel más cercano vibracionalmente al cuerpo físico o raíz sería el cuerpo etérico, que alberga información conciencia que atañe a nuestro diseño y remodelación física, y donde se organiza la energía que anima la funcionalidad del cuerpo físico desde su perspectiva más puramente vital. Recoge ladrillos de conciencia trabajados por los chakras inferiores principalmente.
El segundo nivel es el cuerpo astral. Este establece su percepción del Universo como manifestación dual. Organiza energía conciencia que percibe el entorno y lo interpreta emocionalmente: se identifica con él si le agrada o no se identifica con él si le desagrada. La construcción del ladrillo es pues emocional y se hace a partir de sensaciones, juicios y elecciones basadas normalmente en preconceptos culturales o vivenciales anteriores. La interpretación astral o emocional de la vida obligará casi necesariamente a tomar partido a la mente humana, sumergiendo al hombre en un mundo de lucha activa y continua entre facciones contrarias que lo sumergirán en multitud de ocasiones en paradojas psíquicas a la búsqueda de un permanente equilibrio. El cuerpo astral está construido por los ladrillos emocionales fabricados principalmente por los chakras medios, estando estos muy relacionados con el ego humano.
El tercer compartimento corresponde por analogía a las ramas del cuerpo mental, donde los ladrillos de la conciencia se fabrican en un proceso de integración de la vivencia aparentemente dicotomizada de lo astral. Percibe el entorno como una unidad integral. La conciencia mental superior trabaja en la percepción, la observación y la comprensión, y deja que cada cosa evolucione por sí misma. Lejos de la lucha de facciones comprende e integra cada perspectiva y acerca al hombre al no hacer haciendo de la filosofía taoísta. La estructura energética del cuerpo mental está trabajada por los chakras superiores principalmente.
Estos tres cuerpos energéticos interpenetran polidimensionalmente el cuerpo material o físico, y constituyen su forma psíquica o psicoforma. El sistema chakra, a modo de corchete, los une como un anclaje integrador y una zona de tránsito donde las energías fluyen continuamente.


Niveles de conciencia del hombre: El siete como fragmentador de un universo en octavas

El ser humano percibe un universo fragmentado en siete niveles o bandas de frecuencias vibracionales. Así, captamos siete colores, componemos melodías con siete notas y empaquetamos nuestro tiempo en ciclos de siete días. Esto no es casualidad, pues el tiempo cósmico podría concebirse como las unidades de tiempo determinadas por los ciclos naturales. Estos ciclos, fragmentados de siete en siete, también tienen un reflejo en la anatomía humana. El ser humano es una conciencia colectiva de miríadas de conciencias celulares agrupadas en conciencias colectivas que forman los tejidos, y estas a su vez se agrupan en órganos... y así progresivamente hasta unificarse en la conciencia de ese ser humano.
La unidad de conciencia colectiva humana se divide en siete niveles, en los que cada uno de ellos está regido por un chakra principal que se constituye en el cerebro energético que organiza la conciencia energética de las células y órganos incluidos en su ámbito de influencia.
El órgano energético de la conciencia humana o sistema chakra interrelaciona los siete niveles de conciencia colectiva organizados en cada chakra, integrándolos en el ser energético hombre, materializando posteriormente la conciencia física a partir de él. El destilado energético, efectuado por la red energética de los chakras, es vertido a la red funcional neuronal, donde es unificada en el sistema nervioso humano y "materializada" posteriormente en conciencia física.

  
La partitura humana en la sinfonía cósmica

El Cosmos es una conciencia viva que late en cada ciclo de la naturaleza mientras se contempla a sí misma. El hombre es un ser integrado en esta conciencia cósmica, que se contempla a sí mismo desde una perspectiva única e irrepetible. Cada chakra dota al hombre de un ángulo diferente de captación de su existencia.
Desde el punto de vista de la Medicina Tradicional China, el ser humano es aquél que une lo celeste con lo terrestre. Es decir, la conciencia del hombre unifica al ser material con el ser espiritual a través de energías-conciencia que evolucionan a partir de los siete chakras principales. Cada vivencia humana es percibida en siete niveles, uno por cada chakra principal, cada uno de ellos destilará un producto vivencial correspondiente a ese nivel de consciencia, y todos formaran la consciencia hombre.
De los siete, el primero o base y el último o corona son únicos y se encuentran en el eje central que corresponde más o menos con la columna vertebral. Los otros cinco son dobles, con una porción anterior relacionada con la mente consciente y otra posterior relacionada con la inconsciente.
El chakra base o primero, relacionado con la energía vital y el instinto de supervivencia individual, recibe la energía integrada desde nuestra "toma de tierra" planetaria.
Esta energía es dicotomizada en el segundo chakra, donde se establece el principio bipolar, que reunificado produce la vida. Luego el segundo chakra está relacionado con la procreación.
La fuerza dual asciende y se organiza en el ego o principio mental que identifica a cada hombre. El tercer chakra pues, materializa el ego humano, coordinando energéticamente los procesos de nutrición y asimilación de los alimentos físicos, que determinarán la forma física individual paralelamente a la organización de las energías psíquicas, que constituirán la mente individual o ego y que albergarán en dicho cuerpo físico. El alimento que transporta la energía del Sol pasa a formar parte de nuestra unidad existencial o ego que, distribuido por el torrente sanguíneo, otorga entidad psíquica unitaria a toda la conciencia colectiva celular de dicho cuerpo físico. Al tercer chakra se le llama también solar.
Los tres chakras que siguen son chakras superiores.
El centro de conciencia corazón o cuarto chakra, alberga el principio espiritual de cada hombre limitado en la caja del tiempo de nuestro cuerpo físico, donde el latido del corazón y el ritmo respiratorio reflejan la estancia limitada en tiempo y espacio de cada existencia. La conciencia del ego se expande y unifica con el principio vibracional espiritual de este chakra.
Es en el quinto chakra donde se comienzan a unificar los ciclos de la bipolaridad, manifestándose esto en la síntesis de la conciencia dual de este chakra: El pensamiento se concretiza en la palabra, el verbo que unifica y precede a la acción del hombre. Es el chakra materializador del pensamiento y de los sueños del hombre. Cuando el hombre adquiere el nivel de conciencia integrador del mental superior tiene la capacidad de contemplar el Universo como un lugar exuberante donde todo es posible y reina la abundancia. También se le llama centro de la cornucopia o cuerno de la abundancia, y es un camino en el despertar místico del hombre.
El sexto chakra organiza la conciencia mental, aquella que es testigo y comprende la paradoja vivencial, integrándola. Es la conciencia que percibe sin identificarse con facción alguna. Cuando el hombre focaliza su conciencia en el principio vibracional de este chakra desarrolla la conciencia espiritual, que percibe el Cosmos y la realidad tal cual es, y se reconoce en él. Es aquí cuando adquiere la capacidad de reconocerse en su reflejo o autoconciencia, unificando su ser espiritual a su ser mental a partir de la apertura del séptimo chakra o corona, que es la puerta dimensional que nos une a nuestro ser en la perfección, lo infinito y lo eterno.
Cada chakra, desarrollado, destila un principio vibracional propio, una nota. Cada chakra es una flor en el árbol de la vida del hombre, por el que proyecta su irrepetible aroma al jardín del Cosmos.

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