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La Kabbalah y su importancia en la Humanidad

La Kabbalah y su importancia en la Humanidad

Del hebreo קַבָּלָה (qabbālāh), que significa “recibir”, la Kábbalah o Cábala, es una corriente de interpretación mística, esotérica y alegórica del Antiguo Testamento que se refiere a la tradición oral que recibió Moisés de Dios, en oposición del Torá, la que es la tradición escrita.

El concepto refiere al conjunto de doctrinas que, mediante el esoterismo y el cumplimiento de ciertos preceptos, pretende revelar el mensaje de Dios y del mundo.

La Kabbalah es una tradición viva de conocimiento superior, un sistema universal no sujeto a dogmas ni ideologías religiosas, por lo que es perfectamente válido para todas las personas interesadas en el autoconocimiento, la transformación, la apertura de la conciencia, el desarrollo de capacidades y la evolución, tanto en el ámbito espiritual como en lo terrenal.



Un poco de historia...


Si bien las raíces de la Kabbalah se remontan al Antiguo Egipto, a la Atlántida, a Lemuria, e incluso mucho más atrás en el tiempo, la tradición cabalística actual señala a Abraham como el primer humano que estableció la metodología en el pueblo judío y, de ahí, al mundo, como bien expresa la misma obra que se le atribuye: “Séfer Yetsirá: El Libro de la Creación”, estableciendo a su vez los principios básicos de esta sagrada herramienta para la transformación y evolución interior, que también produce lindos y suculentos frutos en el exterior. 


En esa obra, están ya presentes los elementos cabalísticos fundamentales que, no sólo han llegado hasta nuestros días, sino que también siguen teniendo la misma importancia y utilidad de entonces. Se trata, por ejemplo, de los 72 nombres de Dios, las 10 esferas, las 22 letras hebreas, los Arcángeles, Ángeles y las Esferas Planetarias, las técnicas de meditación y de oración, e incluso las prácticas mágicas y alquímicas. 

Con todo esto y mucho más, integrado y desarrollado de forma perseverante y continua, es posible lograr un grado de unión tan profundo con el Intelecto Divino, que lleva a materializar eso que en la dimensión terrena llamamos milagros.


Después de Abraham, Moisés fue el segundo impulsor significativo de la Kabbalah. Detrás de él la practicaron y desarrollaron los Esenios, el linaje en el que nació Yeshua o Jesús en su encarnación de hace más de dos mil años. 


Ahora bien, no sólo el Maestro del Amor, de la Paz y del justo uso de la Energía Universal, era un gran caballista, sino que también lo fueron muchos de sus parientes más cercanos y, desde luego, sus padres, sus abuelos maternos, su esposa, María Magdalena, y algunos de sus hijos y nietos.


En el gran y largo recorrido histórico y evolutivo de la humanidad, la Cábala ha ido asimilando y adaptando contenidos de otras culturas, tradiciones y pueblos, como también ha introducido enseñanzas de la gnosis y la filosofía griega y, más recientemente, aunque pareciera ser que no y se niegue actualmente por los ortodoxos del tema, de la Psicología Jungiana y Transpersonal. 


Por esa misma capacidad de evolución, integración y adaptación que tiene, la Kabbalah se ha convertido, a lo largo del tiempo, en un camino de conexión con el Todo, con la Fuente Divina, con la Creación misma.


Por lo mismo, al momento de estudiarla, es que podemos ir viendo muchas similitudes con casi todas las civilizaciones, culturas y religiones que se conocen hasta el momento, a lo largo y ancho del planeta.



El Árbol de la Vida...

Árbol de la Vida
Ahora bien, el símbolo fundamental de la Cábala es el “Árbol de la Vida”, un mapa de la Gran Consciencia y de la Energía Universal expresada en Luz y Obscuridad, que representa al Todo, al Uno, a la Fuente Divina y Cósmica de la Existencia, al Universo y a la Humanidad, a la unión de cada ser humano, desde lo Macro a lo Micro, desde Adentro hacia Afuera y viceversa, desde Arriba hacia Abajo y viceversa, además de la relación que existe entre cada componente de la Santísima Trinidad de la Vida Una, expresadas en las experiencias materiales y terrestres, como las celestiales y espirituales.


Es el mismo Árbol de la Vida que podemos encontrar en otras culturas, como la egipcia y la hinduísta, de los cuales se desprenden los Siete Chakras (que son los siete niveles del Árbol de la Vida que contienen a los diez Sefirot), que, con el tiempo, el catolicismo adoptó en forma disfrazada como los Siete Sacramentos, ocultando el verdadero significado, pero enfocando una gran parte del manejo de las energías para encauzar a la humanidad para su propio beneficio. A nivel material y físico, serían las Siete Glándulas Endocrinas. Y a nivel más sutil y etéreo, serían los Siete Cielos, las Siete Dimensiones.


Ver Relación entre Los 7 Sacramentos, El Árbol de la Vida y Los Chakras.


Fue a partir del siglo XII, cuando todo el cuerpo de conocimiento delineado en el Sefirá Yetsirá, se reestructuró de una manera nueva, sintetizada y simbolizada en lo que hoy conocemos como el Árbol Cabalístico de la Vida, una amplia y enriquecedora síntesis e integración de cinco saberes fundamentales del Conocimiento Perenne o Gnosis, cinco de las más elevadas y avanzadas ciencias sagradas para la evolución, transformación y elevación del alma humana, y de la personalidad terrestre en la que ésta habita en cada encarnación.


Se trata del Tarot, la Astrología, la Alquimia, la Numerología y la misma Kabbalah, todas ellas relacionadas también con el ámbito psicológico humano.

 

Gracias a esa unidad, y en una única imagen, nos encontramos en el Árbol de la Vida con una representación completa de la propia existencia: una Geometría Sagrada que muestra las esferas más sutiles y mundanas, así como los distintos caminos y modos de conexión que hay entre ellas, todos disponibles para ser andados, experimentados, integrados y desarrollados por todo ser que ha encarnado en un cuerpo de carne y hueso, vehículo a través del cual la esencia espiritual se manifiesta, aquella sagrada vasija espiritual capaz de conectar albergar y manifestar códigos y frecuencias energéticas de alta vibración, una vez que aquellos seres, en forma consciente, se hayan liberado de las de menor frecuencia. 


Cada Sefirá o esfera del Árbol Cabalístico de la Vida, cuenta con distintos poderes y energías regentes, cuyos apelativos tradicionales son aquellos con que nos han inculcado a lo largo de la historia humana, como son los nombres de Dios, los Arcángeles, el Coro o Jerarquía Angelical y las Esferas o Dimensiones energéticas, que están detrás de todo lo existente, rigiendo y alentando con su energía particular a cada uno de los Sefirá. Son distintos grados de Consciencias de muy alto y elevado “voltaje”, energías de distintos calibres, frecuencias y vibraciones, expresadas desde lo más sutil y etéreo, hasta lo más denso y material, todas conectadas entre sí, traspasando su saber, información y experiencias en los distintos planos hacia ambos lados de su Ser, tanto hacia arriba como abajo, tanto hacia adelante como atrás, tanto a la izquierda como a la derecha, y tanto adentro como afuera, para mantener así  la Gran Unidad que los encierra y sostiene a todos, creando en forma constante, infinita y eterna, pasando por todos los estados de existencia.


Para poder entenderlo a nivel mental, es que la Cábala lo expresa con distintos nombres y funciones específicas, siendo cada uno un regente de cada emisión, energía, astro, chakra, color, sonido, etc, pero que así y todo están todos interconectados; por tanto, todos y cada uno, hace lo mismo que el otro, pero en distintos niveles y vibraciones.


Es así como existen los “22 senderos o caminos del Árbol”, representados y regidos por las veintidós letras del alfabeto hebreo, que también son emanaciones energéticas de elevadísimo calibre, canales a través de los cuales pasan la energía, y no como simples letras como ahora las entendemos. De hecho, nada es lo que habíamos creído que era. Todo es mucho más profundo y sagrado.



Programación Divina...

Programación Divina

En la medida que vamos individualmente retirando todos y cada uno de los velos con que nos han mantenido tapados y ocultos de los misterios de la vida, más disponibles se nos hace para todos sus secretos, y más comprendemos que, lo que antes llamábamos divinidades, vedas, diosas, dioses, arcángeles, ángeles, maestros y guías espirituales, estrellas, astros, como también demonios, espíritus y elementales (y hoy en día como extraterrestres), son en realidad mucho más que seres antropomórficos, místicos y mitológicos e imaginarios, sino que códigos y programas energéticos, frecuencias de luz, color, números y formas, que vibran a una determinada velocidad que son parte de la totalidad y responsables de todo lo que existe, los creadores de todo lo que el cuerpo humano percibe a través de los cinco sentidos, para así poder jugar y experimentar con la existencia, consigo misma, en forma eterna e infinita, plasmado en un mismo y único plano obscuro de proyección, al cual le llamamos planeta.

 

Es decir, una especie de “software” dentro de un gran hardware virtual. 


En otras palabras, una especie de tecnología informática de un muy elevado nivel, mas no material, sino energética y espiritual que se retro alimenta a sí misma, en un ciclo eterno de nacimientos y muertes, de días y noches, de luz y obscuridad, de bits y bytes, de encendidos y apagados, que, dicho sea de paso, es la base de lo que los mismos seres humanos han inventado y creado con su tecnología, ya que la humanidad no es otra cosa que la propia expresión del Todo en forma materializada.


Es por ello que podemos encontrar este mismo “software” expresado en el cuerpo humano, en sus genes, en su código genético, en lo que llamamos ADN, lo que demuestra lo divino que todos somos.


Es así que en la Kabbalah se expresa lo mismo desde un nivel material y mental, matemático y alquímico, a través de la combinación de las veintidós letras hebreas, en donde cada una representa una energía y vibración particular de luz/obscuridad, y sonido/silencio, como también de conceptos visuales y mentales, formando lo que se conoce como los 72 nombres de Dios, los 72 nombres de ángeles y arcángeles, ordenados y clasificados desde distintos puntos de vistas, como es a nivel astrológico, energético, jerárquico, etc., que no son otra cosa que 72 combinaciones de códigos energéticos, 72 Inteligencias Creadoras, dotadas de unos determinadas frecuencias de información/luz, que les otorga capacidad para crear por sí mismas; 72 inteligencias que están formadas por la combinación de tres letras hebreas, dando lugar a 72 llaves que abren y dan acceso a todos los programas que están instalados e incluidos en todo lo que existe y es.


El paradigmático número 72 es un código en sí mismo, que también contiene un programa informático, transmisor y dador de luz con forma, al igual que el 3, número sagrado y alquímico por excelencia: tres letras en cada Nombre, tres versículos del relato del Mar Rojo.



3 x 3 = 9, 

3 + 3 + 3= 9, 

7 + 2= 9. 



El 3 y el 9 son dos de las frecuencias creadoras que Tesla postulaba y no en vano, cuya tercera frecuencia (de nuevo tres) es el 6, que surge de restar 3 al 9. 


Las letras hebreas, como las runas, la escritura cuneiforme, los jeroglíficos egipcios y otras grafías, son formas de conciencia-energía-espíritu-ser de muy elevada frecuencia, formulaciones primarias del espíritu, moldes o vasijas que contienen y expresan la energía viva de la Luz Divina, el hálito del Santo y Primordial Espíritu, así que es lógico que tengan ese poder. Por algo son ellas las que forman las 72 Inteligencias Creadoras. 



Los relatos Sagrados...

Los relatos Sagrados
Esas 72 combinaciones de letras, que dan lugar a tantas otras Inteligencias Creadoras, salen de los tres primeros versículos del relato del Mar Rojo, en el que se narra la salida de Egipto del pueblo israelita, en dirección a la Tierra Prometida. Una marcha liderada por Moisés, encargado de llevar adelante la liberación de la misma gente a la que él había contribuido a dominar. 


Es por ello que los textos bíblicos originales, sin recortar ni manipular, no son otra cosa que textos cabalísticos, cuyas enseñanzas y tecnologías energéticas y espirituales han estado abiertas y disponibles a todos y para todos, pero que han sido manipulados por las religiones e instituciones judaicas, católicas y derivados, para así mantener el poder de aquella sabiduría y el control mental y espiritual de la humanidad, con tal de ser los únicos que puedan disfrutar del Universo mismo a su antojo, egoísmo y conveniencia. 


Por otra parte, los relatos sagrados de todas las tradiciones de sabiduría, tienen varias capas y niveles de lectura, comprensión, interpretación y aplicación, para que cada cual reciba de ellos lo necesario, según su grado de consciencia, conocimiento y desarrollo.  A medida que éstos se amplían, gracias a la labor continua con uno mismo, es posible llegar a las capas más profundas y escondidas.  Quienes no realicen esa tarea de transformación interna y consciente, en forma constante y permanente, se quedarán sólo en la superficie, tomando lo escrito como una mera información en forma literal y cronológica, sin sentido, como una historia, un cuento y un mito.


Ahora bien, de nada sirve tampoco el sólo leer, mentalizar, conocer, saber, entender y comprender lo que en la Cábala se expresa, aunque se practique y experimente las veces que sea y de las forma que sea, si no se tiene y se suma el elemento fundamental y principal que los mismos textos mencionan en distintas formas, el que mueve todo, lo que le da Vida y Suspiro a todo, llamado Fé. Aquella fuerza incomprensible que sólo se siente y que no se puede definir ni expresar, en donde no existe la duda y tampoco la creencia, sino que sólo aquella fuerza interna que todo lo da, todo lo mueve, sin pedir nada a cambio.


Es así que, a modo de ejemplo, esta tecnología energética y espiritual, de las 72 frecuencias creadoras o llaves cabalísticas inteligentes, las usó Moisés para separar, literalmente, las aguas del Mar Rojo, pudiendo atravesarlo y llegar sanos y salvos a la otra orilla, librándose así del ejército del faraón que les pisaba los talones. 


Y para que efectivamente hiciera efecto y realmente fuera realizada esa separación física de aguas, Moisés tuvo que entrenarse mucho y muy profundamente. No fue algo gratuito ni casual, sino el resultado de una gran labor consigo mismo: de autoconocimiento, transformación, transmutación y evolución, tal cual Jesús con sus milagros, sumado a un profundo conocimiento de las leyes universales y de los elementos, y fue precisamente la sabiduría egipcia en la que se formó y practicó desde muy joven, por citar sólo lo más relacionado con aquella encarnación.


Meterse en el mar y moverse por él, antes de que las aguas se hubieran separado, fue, a su vez, un inmenso acto de Fe y más aún de certeza, dos requisitos imprescindibles para que los milagros ocurran, y que siempre han de acompañar a nuestros actos para atraerlos efectivamente hacia nosotros y a nuestra vida. 


La primera implica confianza plena en que sucederá aquello que se anhela y la segunda, aún más significativa y potente, nos hace estar completamente seguros de que sí o sí se materializará, sin tener que saber el cómo, sólo fluyendo, aunque las apariencias externas muestren otra cosa e incluso, con frecuencia, que va a ocurrir todo lo contrario.

 

La certeza es una seguridad interna y absoluta de que la ayuda llegará, la cual procede de uno mismo, del ser y de su conexión sin condiciones con la divinidad que llevamos dentro, que se activa en el preciso instante en que nos metemos de lleno en el mar de las situaciones, en donde ponemos lo mejor de nosotros mismos, y sólo hacemos lo que debemos de hacer, sin pensar, sin miedo ni duda alguna y quitándonos del medio para no estorbar ni estropear su acción, sin esperanza, ni proyección personal alguna, sin ego ni nada que le relacione.



Conclusión...


Luego de todo lo expuesto en este artículo, se puede decir, entonces, que la Kabbalah es una herramienta muy poderosa que, con la comprensión, práctica y Fé real y sincera, en forma consciente, se puede contribuir, cual Ángel, dios o diosa, a la propia Creación en forma honesta, limpia, pura y santa, como un eslabón más del Todo.


No es casual que siempre se haya dicho que la Humanidad es la conexión entre el Cielo y la Tierra, el encargado de traer uno al otro y de supervisar responsablemente que así siga siendo por la eternidad. 


Por ello somos materia y espíritu al mismo tiempo, cuerpo y alma, la perfección misma de toda la Creación, el eslabón primordial de que todo siga existiendo, la unión de lo sutil con lo denso, la imagen y semejanza de Dios mismo, encerrado en los 72 códigos inteligentes de la creación. 


Somos el propio Universo manifestado en  nosotros mismos, experimentándonos, jugando, viviendo en este ciclo eterno e infinito de Luz y Obscuridad, de Vida y Muerte, sin desaparecer jamás.





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GRACIAS, Bendiciones



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Sobre las Dimensiones (segunda parte)

Sobre las Dimensiones (segunda parte)


Ya vimos en la primera parte de esta publicación lo que son las dimensiones, ahora veremos las 7 grandes Dimensiones, Cielos, Mundos o Reinos y estos son:



1. PRIMERA DIMENSIÓN: MICRO COSMOS MONÁDICO


Se sabe por ley de correspondencia (“como es arriba es abajo”) que cada unidad fractal es el reflejo de un todo. Cada dimensión es un espejo de la dimensión superior. El microcosmos refleja el macrocosmos y viceversa.

En la primera dimensión se encuentran pequeñísimas e imperceptibles unidades sustanciales energéticas llamadas mónadas, éstas son como átomos pero de carácter metafísico que contienen dentro la información codificada de todo el cosmos.

Vibran a una frecuencia muy sutil, y a través de éstas, la conciencia universal (Dios) crea los distintos mundos.

A nivel material, ésta dimensión es descrita como un campo cuántico que transforma la energía en materia; esta dimensión es la matriz de la existencia, por lo que está conectada con la séptima dimensión de forma cíclica.


La Primera Dimensión es la encargada de transformar la energía en materia. Es la frecuencia básica de los átomos y las moléculas, por lo tanto, es la energía del microcosmos. Es la frecuencia vibratoria de activación del ADN.

Maneja un nivel de conciencia elemental, puntual, sabe cómo dirigirse de un punto a otro.

Los minerales y el agua vibran en esta frecuencia. Los minerales son el aspecto cristalino de la misma, y el agua el aspecto líquido de la misma.

Se encuentra también en los fluidos y las corrientes eléctricas del cuerpo humano. Activa el código genético e impulsa energéticamente el sistema celular.


Si tomáramos, como metáfora, al ser humano para describir las dimensiones, podríamos decir que la primera dimensión la experimentamos en la etapa prefetal; donde somos un conjunto de potencialidades, con un programa de división celular y mantenimiento de funciones.


Todas las dimensiones funcionan a todas las escalas, y las de esta octava, son las mismas en todo el universo.




2. SEGUNDA DIMENSIÓN: MUNDO ELEMENTAL


Esta frecuencia vibratoria, corresponde al mundo básico de la fuerza biológica que impulsa la vida, los seres unicelulares, las plantas, los insectos y algunos animales hacen parte de este estado de conciencia bilineal.

Nuestras células son un micro-reflejo de nosotros mismos, por lo que poseen su propia conciencia pero inconsciente de sí misma, sincronizada con el ritmo de la segunda dimensión, ellas funcionan en conjunto pero de modo predeterminado, ayudando a que se desarrolle la biología interna.

Del mismo modo, muchos animales actúan por “instinto” aunque posean lo que podríamos denominar una infraconciencia, una mente que hasta ahora está empezando a madurar.

En esta dimensión la conciencia es grupal, es decir, que varios seres tienen la misma conciencia que los dirige, de modo automático, para que evolucionen como un conjunto. Las bandadas de aves que migran, por ejemplo, trabajan simultáneamente al unísono como si fueran todas ellas una sola mente. Lo mismo ocurre, por ejemplo, con los enjambres de abejas, las colonias de hormigas e incluso las células y otras entidades microscópicas similares, trabajan como si fueran uno.


La Segunda Dimensión es la frecuencia donde existen la mayoría de los animales y las plantas. Es también física e impulsa la identidad biológica. Es la vibración que mantiene la unión entre las especies. Lo que se ha llamado el inconsciente colectivo de las especies. Es la forma en cómo se reconocen los animales de una misma especie, para cumplir con sus funciones reproductoras.

No posee diferenciación individual, ni autoreconocimiento.

En este nivel de conciencia, no hay referencia temporal/espacial. La conciencia es lineal y bidimensional.

A nivel geométrico, se corresponde con las formas planas como el círculo, el cuadrado, etc.


Es la responsable de la variedad biológica y de todas las energías que se encargan de propiciarla; como las fuerzas elementales de la naturaleza.

Podemos tomar como ejemplo, las bandadas de pájaros, que actúan coordinadamente como un todo. También los bancos de peces. Ambos han sido objeto de estudio, y se ha comprobado que actúan como un cuerpo consciente, donde cada uno de los miembros, mantiene una distancia matemática entre ellos, y solamente rompen la formación cuando son atacados.

Dentro de este campo vibracional de segunda dimensión se encuentran además las fuerzas energéticas que rigen los cinco elementos (tierra, agua, fuego, aire y éter), prácticamente éste es el mundo que rige el curso de la naturaleza y la evolución estableciendo las bases fundamentales de la tercera dimensión.


Siguiendo la metáfora del ser humano, la segunda dimensión se podría comparar con la etapa fetal. Flotamos siendo uno con el entorno, en un estado de no ego, y sin referencia temporal/espacial.



3. TERCERA DIMENSIÓN: MATRIX. EL MUNDO FÍSICO


Cuando una conciencia ha desarrollado una percepción acerca de sí misma, entonces ocurre una individualización del ser, creando una personalidad o “ego”.

En ese momento el individuo pasa al tercer estado de conciencia que corresponde a la frecuencia vibratoria del mundo material.

La tercera dimensión es el mundo en el que habitamos los seres humanos, es la más fundamental debido a que casi todo el aprendizaje sobre la existencia lo adquirimos aquí a través de nuestras experiencias personales.

De hecho, el mundo físico podría considerarse el primer nivel existencial (en varias corrientes esotéricas se le denomina la primera dimensión), pues además de ser el más denso energéticamente por cantidad de vibración condensada en materia, es la morada del ser auto-consciente, aquél que posee una identidad y una percepción acerca del mundo que lo rodea.


Realmente, el camino evolutivo/espiritual comienza aquí, en este plano; cada alma es puesta a prueba en un largo camino que llamamos “vida”. Durante este trayecto, la conciencia desempeña un papel determinado en un juego virtual.

La tercera dimensión es un universo holográfico, tal como lo describe la teoría de los físicos Gerard ‘t Hofft y Leonard Susskind.

Los científicos David Bohm y Karl Pribram también postularon la idea de que nuestro universo funciona como un holograma basado en descubrimientos de la mecánica cuántica.

Dentro de esta realidad virtual, nos enfrentamos a una serie de retos, obstáculos para ayudar a despertar la conciencia y recordar quiénes somos y de dónde venimos.



Si bien la vida parece ser a veces demasiado dura y cruel, ten en cuenta que el sufrimiento es de cierto modo necesario para que el ser humano desarrolle su fuerza interior y valore lo realmente importante en la vida.



Las experiencias amargas que tenemos son parte de nuestro proceso evolutivo, todo va de acuerdo al plan del creador, así que, no todo es tan malo como parece. Después de todo, la tercera dimensión que tantos problemas nos acarrea, no es más que un espejismo, lo que debemos hacer es aprender a ver más allá de esa ilusión.


La Tercera Dimensión es la frecuencia donde existimos los seres humanos. También es física, y el tipo de conciencia es volumétrica y tridimensional.

A nivel geométrico, se perciben formas como la esfera, el cubo y los sólidos platónicos.

Hay una percepción lineal del tiempo y el espacio, con la capacidad de recordar el pasado, y proyectar el futuro, estando en el presente.

Se basa en la polaridad y la ilusión de separación, en el desarrollo de la identidad individual, y la pérdida del sentido grupal.

Ésta es la frecuencia donde nos hacemos conscientes de nosotros mismos, desarrollamos el ego y creemos que estamos separados del Todo. Es en esta dimensión donde nos percibimos más separados del Todo, que en ninguna otra, por lo tanto, es aquí donde al Ser Único se le presentan más retos de integración y crecimiento.

En el ser humano, comienza a partir del segundo año de vida, cuando el niño empieza a diferenciarse del entorno como individuo, a expresar sus deseos, a formar su ego.

Es una etapa de aprendizaje muy importante, donde comienza la fragmentación.

En tercera dimensión experimentamos un proceso de división del Ser. Es parte del trabajo de evolución, el recoger y juntar todas las partes.



4. CUARTA DIMENSIÓN: PLANO ASTRAL


Cuando una persona fallece, su conciencia se traslada a la cuarta dimensión, cruzando “una luz que se encuentra al final de un túnel”. Este umbral ha sido descrito por millones de personas que han sufrido encuentros cercanos con la muerte.

El “más allá”, como muchos lo conocen, corresponde a un mundo paralelo denominado “plano astral”.

Dicho plano se encuentra dividido en dos zonas principales:


- El “bajo astral”. Es donde habitan los seres de muy baja vibración: las entidades oscuras, los demonios, espíritus malignos, etc. También llamado inframundo o infierno por la cultura popular.

- El “alto astral”. Es donde habitan los seres de vibración elevada; como las almas despiertas, los elementales o espíritus de la naturaleza (duendes, hadas, gnomos, salamandras, ninfas, etc.), los guardianes guía (espíritus benevolentes que ayudan en la evolución espiritual), y en algunos casos hasta ángeles y extraterrestres.


Para la gente que es escéptica, todo esto le parecerá increíble, pero de hecho hay una forma de comprobar la existencia de todo lo anterior escrito.

El plano astral es de fácil acceso puesto que limita seguidamente con nuestra dimensión 3D. Para los que deseen conocerlo, solo deben estudiar una práctica llamada “desdoblamiento astral”.


Dentro de esta 4D también se halla el llamado “mundo onírico” o de los sueños.

La mayoría de las veces que sueñas (más de un 80%) estás en realidad visitando el plano astral. Cuando nuestro cuerpo se queda dormido, el alma realiza un desdoblamiento involuntario, saliéndose del cuerpo y viajando al plano astral (la cuarta dimensión), pues es una frecuencia vibratoria donde la conciencia navega libre de cadenas.

Aquí también se encuentra la memoria de la matrix – conocida como los “registros akáshicos – donde se guardan el pasado, presente y futuro del cosmos. Accediendo a esta memoria podemos navegar por la mente del holográfico y conocer los profundos misterios de las esferas metafísicas.


La Cuarta Dimensión es un pasaje a la quinta dimensión. Es la frecuencia en la que comenzamos a tener conciencia de que no sólo somos un cuerpo físico, y comenzamos a percibir más allá de los sentidos físicos. Los llamados “deja vú” y la sincronicidad, comienzan a hacerse repetitivos y generalizados. Nos damos cuenta de que a muchas personas les ocurre lo mismo. Empezamos a percibir muchos cambios, tanto dentro como fuera de nosotros. Existe una inclinación a “saber”, a tener conocimientos sobre lo espiritual, más que lo religioso, a buscar más información para saber diferenciarlos.

Se siente un llamado, de nuestro Ser Interior, a la necesidad de estar con nosotros mismos. El auto-análisis y el autodescubrimiento están presentes en este pasaje de la cuarta dimensión.

También nos damos cuenta del cambio que se está produciendo fuera de nosotros; vemos que el clima cambia constantemente, ya no permanece en estaciones, como antes, las horas del día se hacen más cortas, el tiempo ya no nos alcanza para hacer las cosas que hacíamos antes.

En esta dimensión, percibimos el tiempo en décadas cíclicas o en forma de espiral.

Existe un campo cuántico donde se presentan simultáneamente todas las posibilidades y alternativas.

Es la frecuencia de la sincronicidad absoluta, la empatía y la telepatía. Es la última dimensión donde experimentamos con el cuerpo físico, compuesto de carbono 14, como vehículo de aprendizaje.

En esta frecuencia, percibimos la multidimensionalidad, y nos damos cuenta de nuestra responsabilidad, al hacernos conscientes que cada una de nuestras acciones, afecta al Todo.


A nivel humano, tenemos la necesidad de compartir con grupos, revisar nuestras relaciones, buscar sanación y crecimiento con terapias. También es la causa del desmoronamiento de estructuras físicas, económicas y políticas, establecidas desde hace mucho tiempo y que ya no se corresponden con esta nueva vibración. Y cada vez vamos a ver y experimentar más cambios en todos los niveles de aquello que no se corresponda con la nueva energía.

El cambio dimensional es a todas las escalas, no sólo lo estamos experimentando los seres humanos, sino también la Madre Tierra y a una escala mayor, toda la galaxia.

El cambio dimensional no sucede de un día para otro, sino por capas paulatinas de conciencia.

Aceptar la conciencia de la cuarta dimensión, es lo que se llama el salto cuántico, y es el paso más difícil del cambio dimensional, ya que éste implica un profundo cambio de creencias.



5. QUINTA DIMENSIÓN: LA ETERNIDAD


La Quinta Dimensión es el portal hacia la Conciencia Crística. La Conciencia Crística es aquella conciencia colectiva que se reconoce a sí misma como unidad.

Es la frecuencia de la sabiduría y es totalmente pura energía. Es donde se encuentran los Maestros Ascendidos y los espíritus guías.

En 5D experimentamos el fundirnos con el grupo de espíritus ascendidos, a cual pertenecemos vibracionalmente, y al Ser Superior o Multidimensional.

Es la dimensión donde recordamos quiénes somos, y despertamos nuestra sabiduría interna.

Es en esta dimensión donde se experimenta la conciencia grupal que forma un solo Ser de mayores dimensiones. Es una frecuencia energética, no física. El tiempo es un continuo, solo existe el eterno ahora.

Muchos de los seres que están en 5D, al contactarse con su sabiduría, escogen ser los guías espirituales de los que estamos en la dimensión física, como parte de su servicio en el proceso de evolución.

Muchos de los seres canalizadores, hoy en día, están en 5D.

Como es una dimensión de luz, percibimos holográficamente y en formas lumínicas de una gran intensidad.

Aquí el mundo ilusorio de la materia desaparece para concebir una frecuencia vibracional que es pura energía.

Dentro de este mundo, la conciencia individual se fusiona con los diferentes grupos de almas que poseen el mismo nivel vibratorio, formando un solo espíritu.

En la quinta dimensión, también se encuentran los seres de luz que guían a los hombres en su desarrollo espiritual (aquellos denominados ángeles).

Es un mundo donde se cultivan las verdaderas almas libres navegando en un océano infinito que está más allá del tiempo y el espacio. Por eso se le llama la eternidad.


La diferencia entre Quinta y Sexta Dimensión, así como entre Sexta y Séptima, no es tan evidente como la de Tercera y Cuarta. A partir de la Quinta, las dimensiones se encuentran solapadas, o fundidas, y sus fronteras son difusas. Esto es debido a que estamos hablando de energía, no de materia.



6. SEXTA DIMENSIÓN: LA MATRIZ SAGRADA


La Sexta Dimensión es la que se llama Crística o Búdica, porque es aquí donde se llega al estado de remembranza total. Donde se toma responsabilidad por el Todo y se es el Todo.

Es conocida, por los místicos, como la verdadera realidad, los budistas le llaman “nirvana” y los cristianos “el cielo”.

Es un estado de conciencia compasiva, el estado de Iluminación.

Es el regreso a Casa, al Ser Único.

En 6D, el proceso de evolución del Ser y el Todo, se experimentan como Uno. Es el lugar de la conciencia ilimitada y unificada. Esta conciencia se manifiesta como individual y colectiva, simultáneamente.

La 6D es la creadora de las matrices morfogénicas que se manifiestan en otras dimensiones, como tercera, segunda y primera.

Estas matrices son las formas geométricas y las redes que llamamos Geometría Sagrada. Son los patrones geométricos de luz, creadores de vida y responsables de su materialización. Aquí es donde se materializan de inmediato los pensamientos. Aquí no existe maldad, por eso los pensamientos siempre son positivos. Se materializan solo energías positivas.

Aquí yace la conciencia iluminada y la matriz numerológica en forma de sabiduría, como si se tratara de una gran biblioteca, que está ubicada a un paso de Dios.



7. SÉPTIMA DIMENSIÓN: LA MORADA DE DIOS


La Séptima Dimensión es la frecuencia de la integración total. Ya no quedan partes dispersas. La conciencia se experimenta multidimensionalmente, es decir, se tiene conocimiento de las partes que alguna vez estuvieron desmembradas en el pasado, con una nueva perspectiva de integración.

Aquí se encuentran los Seres que están en la energía del Amor, y son puro amor.

Es una dimensión energética donde el cuerpo espiritual se sobrepone al cuerpo físico. Es la dimensión de conciencias de luz pura, en donde, la muerte, como la hemos experimentado a través de todas las desencarnaciones que hemos tenido, deja de existir, pues la función que cumplía, ya no será más.

La fuente divina de toda la existencia cósmica. Aunque algunos aseguran que tal vez existan 8, 9, 10, 11 y hasta 13 dimensiones, se sabe que en hay un punto de frecuencia vibracional donde la conciencia deja de percibir los diferentes mundos como separados, para integrarse con el “Uno” o lo que llaman los hinduistas el “Brahma” o “Atman”, el alma, la mente y el cuerpo del cosmos.


En el último estado de conciencia mora el Espíritu Supremo que creó el absoluto. Aquellas almas puras que han podido contemplar algunos destellos de esta inexplicable dimensión, afirman que se trata de la Morada de Dios.


“Las realidades de otras dimensiones y de otros niveles no están fuera del alcance del ser humano; al contrario están dentro de él, son parte de su vida, pues todo lo que existe es conciencia”







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GRACIAS, Bendiciones


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