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La Kabbalah y su importancia en la Humanidad

La Kabbalah y su importancia en la Humanidad

Del hebreo קַבָּלָה (qabbālāh), que significa “recibir”, la Kábbalah o Cábala, es una corriente de interpretación mística, esotérica y alegórica del Antiguo Testamento que se refiere a la tradición oral que recibió Moisés de Dios, en oposición del Torá, la que es la tradición escrita.

El concepto refiere al conjunto de doctrinas que, mediante el esoterismo y el cumplimiento de ciertos preceptos, pretende revelar el mensaje de Dios y del mundo.

La Kabbalah es una tradición viva de conocimiento superior, un sistema universal no sujeto a dogmas ni ideologías religiosas, por lo que es perfectamente válido para todas las personas interesadas en el autoconocimiento, la transformación, la apertura de la conciencia, el desarrollo de capacidades y la evolución, tanto en el ámbito espiritual como en lo terrenal.



Un poco de historia...


Si bien las raíces de la Kabbalah se remontan al Antiguo Egipto, a la Atlántida, a Lemuria, e incluso mucho más atrás en el tiempo, la tradición cabalística actual señala a Abraham como el primer humano que estableció la metodología en el pueblo judío y, de ahí, al mundo, como bien expresa la misma obra que se le atribuye: “Séfer Yetsirá: El Libro de la Creación”, estableciendo a su vez los principios básicos de esta sagrada herramienta para la transformación y evolución interior, que también produce lindos y suculentos frutos en el exterior. 


En esa obra, están ya presentes los elementos cabalísticos fundamentales que, no sólo han llegado hasta nuestros días, sino que también siguen teniendo la misma importancia y utilidad de entonces. Se trata, por ejemplo, de los 72 nombres de Dios, las 10 esferas, las 22 letras hebreas, los Arcángeles, Ángeles y las Esferas Planetarias, las técnicas de meditación y de oración, e incluso las prácticas mágicas y alquímicas. 

Con todo esto y mucho más, integrado y desarrollado de forma perseverante y continua, es posible lograr un grado de unión tan profundo con el Intelecto Divino, que lleva a materializar eso que en la dimensión terrena llamamos milagros.


Después de Abraham, Moisés fue el segundo impulsor significativo de la Kabbalah. Detrás de él la practicaron y desarrollaron los Esenios, el linaje en el que nació Yeshua o Jesús en su encarnación de hace más de dos mil años. 


Ahora bien, no sólo el Maestro del Amor, de la Paz y del justo uso de la Energía Universal, era un gran caballista, sino que también lo fueron muchos de sus parientes más cercanos y, desde luego, sus padres, sus abuelos maternos, su esposa, María Magdalena, y algunos de sus hijos y nietos.


En el gran y largo recorrido histórico y evolutivo de la humanidad, la Cábala ha ido asimilando y adaptando contenidos de otras culturas, tradiciones y pueblos, como también ha introducido enseñanzas de la gnosis y la filosofía griega y, más recientemente, aunque pareciera ser que no y se niegue actualmente por los ortodoxos del tema, de la Psicología Jungiana y Transpersonal. 


Por esa misma capacidad de evolución, integración y adaptación que tiene, la Kabbalah se ha convertido, a lo largo del tiempo, en un camino de conexión con el Todo, con la Fuente Divina, con la Creación misma.


Por lo mismo, al momento de estudiarla, es que podemos ir viendo muchas similitudes con casi todas las civilizaciones, culturas y religiones que se conocen hasta el momento, a lo largo y ancho del planeta.



El Árbol de la Vida...

Árbol de la Vida
Ahora bien, el símbolo fundamental de la Cábala es el “Árbol de la Vida”, un mapa de la Gran Consciencia y de la Energía Universal expresada en Luz y Obscuridad, que representa al Todo, al Uno, a la Fuente Divina y Cósmica de la Existencia, al Universo y a la Humanidad, a la unión de cada ser humano, desde lo Macro a lo Micro, desde Adentro hacia Afuera y viceversa, desde Arriba hacia Abajo y viceversa, además de la relación que existe entre cada componente de la Santísima Trinidad de la Vida Una, expresadas en las experiencias materiales y terrestres, como las celestiales y espirituales.


Es el mismo Árbol de la Vida que podemos encontrar en otras culturas, como la egipcia y la hinduísta, de los cuales se desprenden los Siete Chakras (que son los siete niveles del Árbol de la Vida que contienen a los diez Sefirot), que, con el tiempo, el catolicismo adoptó en forma disfrazada como los Siete Sacramentos, ocultando el verdadero significado, pero enfocando una gran parte del manejo de las energías para encauzar a la humanidad para su propio beneficio. A nivel material y físico, serían las Siete Glándulas Endocrinas. Y a nivel más sutil y etéreo, serían los Siete Cielos, las Siete Dimensiones.


Ver Relación entre Los 7 Sacramentos, El Árbol de la Vida y Los Chakras.


Fue a partir del siglo XII, cuando todo el cuerpo de conocimiento delineado en el Sefirá Yetsirá, se reestructuró de una manera nueva, sintetizada y simbolizada en lo que hoy conocemos como el Árbol Cabalístico de la Vida, una amplia y enriquecedora síntesis e integración de cinco saberes fundamentales del Conocimiento Perenne o Gnosis, cinco de las más elevadas y avanzadas ciencias sagradas para la evolución, transformación y elevación del alma humana, y de la personalidad terrestre en la que ésta habita en cada encarnación.


Se trata del Tarot, la Astrología, la Alquimia, la Numerología y la misma Kabbalah, todas ellas relacionadas también con el ámbito psicológico humano.

 

Gracias a esa unidad, y en una única imagen, nos encontramos en el Árbol de la Vida con una representación completa de la propia existencia: una Geometría Sagrada que muestra las esferas más sutiles y mundanas, así como los distintos caminos y modos de conexión que hay entre ellas, todos disponibles para ser andados, experimentados, integrados y desarrollados por todo ser que ha encarnado en un cuerpo de carne y hueso, vehículo a través del cual la esencia espiritual se manifiesta, aquella sagrada vasija espiritual capaz de conectar albergar y manifestar códigos y frecuencias energéticas de alta vibración, una vez que aquellos seres, en forma consciente, se hayan liberado de las de menor frecuencia. 


Cada Sefirá o esfera del Árbol Cabalístico de la Vida, cuenta con distintos poderes y energías regentes, cuyos apelativos tradicionales son aquellos con que nos han inculcado a lo largo de la historia humana, como son los nombres de Dios, los Arcángeles, el Coro o Jerarquía Angelical y las Esferas o Dimensiones energéticas, que están detrás de todo lo existente, rigiendo y alentando con su energía particular a cada uno de los Sefirá. Son distintos grados de Consciencias de muy alto y elevado “voltaje”, energías de distintos calibres, frecuencias y vibraciones, expresadas desde lo más sutil y etéreo, hasta lo más denso y material, todas conectadas entre sí, traspasando su saber, información y experiencias en los distintos planos hacia ambos lados de su Ser, tanto hacia arriba como abajo, tanto hacia adelante como atrás, tanto a la izquierda como a la derecha, y tanto adentro como afuera, para mantener así  la Gran Unidad que los encierra y sostiene a todos, creando en forma constante, infinita y eterna, pasando por todos los estados de existencia.


Para poder entenderlo a nivel mental, es que la Cábala lo expresa con distintos nombres y funciones específicas, siendo cada uno un regente de cada emisión, energía, astro, chakra, color, sonido, etc, pero que así y todo están todos interconectados; por tanto, todos y cada uno, hace lo mismo que el otro, pero en distintos niveles y vibraciones.


Es así como existen los “22 senderos o caminos del Árbol”, representados y regidos por las veintidós letras del alfabeto hebreo, que también son emanaciones energéticas de elevadísimo calibre, canales a través de los cuales pasan la energía, y no como simples letras como ahora las entendemos. De hecho, nada es lo que habíamos creído que era. Todo es mucho más profundo y sagrado.



Programación Divina...

Programación Divina

En la medida que vamos individualmente retirando todos y cada uno de los velos con que nos han mantenido tapados y ocultos de los misterios de la vida, más disponibles se nos hace para todos sus secretos, y más comprendemos que, lo que antes llamábamos divinidades, vedas, diosas, dioses, arcángeles, ángeles, maestros y guías espirituales, estrellas, astros, como también demonios, espíritus y elementales (y hoy en día como extraterrestres), son en realidad mucho más que seres antropomórficos, místicos y mitológicos e imaginarios, sino que códigos y programas energéticos, frecuencias de luz, color, números y formas, que vibran a una determinada velocidad que son parte de la totalidad y responsables de todo lo que existe, los creadores de todo lo que el cuerpo humano percibe a través de los cinco sentidos, para así poder jugar y experimentar con la existencia, consigo misma, en forma eterna e infinita, plasmado en un mismo y único plano obscuro de proyección, al cual le llamamos planeta.

 

Es decir, una especie de “software” dentro de un gran hardware virtual. 


En otras palabras, una especie de tecnología informática de un muy elevado nivel, mas no material, sino energética y espiritual que se retro alimenta a sí misma, en un ciclo eterno de nacimientos y muertes, de días y noches, de luz y obscuridad, de bits y bytes, de encendidos y apagados, que, dicho sea de paso, es la base de lo que los mismos seres humanos han inventado y creado con su tecnología, ya que la humanidad no es otra cosa que la propia expresión del Todo en forma materializada.


Es por ello que podemos encontrar este mismo “software” expresado en el cuerpo humano, en sus genes, en su código genético, en lo que llamamos ADN, lo que demuestra lo divino que todos somos.


Es así que en la Kabbalah se expresa lo mismo desde un nivel material y mental, matemático y alquímico, a través de la combinación de las veintidós letras hebreas, en donde cada una representa una energía y vibración particular de luz/obscuridad, y sonido/silencio, como también de conceptos visuales y mentales, formando lo que se conoce como los 72 nombres de Dios, los 72 nombres de ángeles y arcángeles, ordenados y clasificados desde distintos puntos de vistas, como es a nivel astrológico, energético, jerárquico, etc., que no son otra cosa que 72 combinaciones de códigos energéticos, 72 Inteligencias Creadoras, dotadas de unos determinadas frecuencias de información/luz, que les otorga capacidad para crear por sí mismas; 72 inteligencias que están formadas por la combinación de tres letras hebreas, dando lugar a 72 llaves que abren y dan acceso a todos los programas que están instalados e incluidos en todo lo que existe y es.


El paradigmático número 72 es un código en sí mismo, que también contiene un programa informático, transmisor y dador de luz con forma, al igual que el 3, número sagrado y alquímico por excelencia: tres letras en cada Nombre, tres versículos del relato del Mar Rojo.



3 x 3 = 9, 

3 + 3 + 3= 9, 

7 + 2= 9. 



El 3 y el 9 son dos de las frecuencias creadoras que Tesla postulaba y no en vano, cuya tercera frecuencia (de nuevo tres) es el 6, que surge de restar 3 al 9. 


Las letras hebreas, como las runas, la escritura cuneiforme, los jeroglíficos egipcios y otras grafías, son formas de conciencia-energía-espíritu-ser de muy elevada frecuencia, formulaciones primarias del espíritu, moldes o vasijas que contienen y expresan la energía viva de la Luz Divina, el hálito del Santo y Primordial Espíritu, así que es lógico que tengan ese poder. Por algo son ellas las que forman las 72 Inteligencias Creadoras. 



Los relatos Sagrados...

Los relatos Sagrados
Esas 72 combinaciones de letras, que dan lugar a tantas otras Inteligencias Creadoras, salen de los tres primeros versículos del relato del Mar Rojo, en el que se narra la salida de Egipto del pueblo israelita, en dirección a la Tierra Prometida. Una marcha liderada por Moisés, encargado de llevar adelante la liberación de la misma gente a la que él había contribuido a dominar. 


Es por ello que los textos bíblicos originales, sin recortar ni manipular, no son otra cosa que textos cabalísticos, cuyas enseñanzas y tecnologías energéticas y espirituales han estado abiertas y disponibles a todos y para todos, pero que han sido manipulados por las religiones e instituciones judaicas, católicas y derivados, para así mantener el poder de aquella sabiduría y el control mental y espiritual de la humanidad, con tal de ser los únicos que puedan disfrutar del Universo mismo a su antojo, egoísmo y conveniencia. 


Por otra parte, los relatos sagrados de todas las tradiciones de sabiduría, tienen varias capas y niveles de lectura, comprensión, interpretación y aplicación, para que cada cual reciba de ellos lo necesario, según su grado de consciencia, conocimiento y desarrollo.  A medida que éstos se amplían, gracias a la labor continua con uno mismo, es posible llegar a las capas más profundas y escondidas.  Quienes no realicen esa tarea de transformación interna y consciente, en forma constante y permanente, se quedarán sólo en la superficie, tomando lo escrito como una mera información en forma literal y cronológica, sin sentido, como una historia, un cuento y un mito.


Ahora bien, de nada sirve tampoco el sólo leer, mentalizar, conocer, saber, entender y comprender lo que en la Cábala se expresa, aunque se practique y experimente las veces que sea y de las forma que sea, si no se tiene y se suma el elemento fundamental y principal que los mismos textos mencionan en distintas formas, el que mueve todo, lo que le da Vida y Suspiro a todo, llamado Fé. Aquella fuerza incomprensible que sólo se siente y que no se puede definir ni expresar, en donde no existe la duda y tampoco la creencia, sino que sólo aquella fuerza interna que todo lo da, todo lo mueve, sin pedir nada a cambio.


Es así que, a modo de ejemplo, esta tecnología energética y espiritual, de las 72 frecuencias creadoras o llaves cabalísticas inteligentes, las usó Moisés para separar, literalmente, las aguas del Mar Rojo, pudiendo atravesarlo y llegar sanos y salvos a la otra orilla, librándose así del ejército del faraón que les pisaba los talones. 


Y para que efectivamente hiciera efecto y realmente fuera realizada esa separación física de aguas, Moisés tuvo que entrenarse mucho y muy profundamente. No fue algo gratuito ni casual, sino el resultado de una gran labor consigo mismo: de autoconocimiento, transformación, transmutación y evolución, tal cual Jesús con sus milagros, sumado a un profundo conocimiento de las leyes universales y de los elementos, y fue precisamente la sabiduría egipcia en la que se formó y practicó desde muy joven, por citar sólo lo más relacionado con aquella encarnación.


Meterse en el mar y moverse por él, antes de que las aguas se hubieran separado, fue, a su vez, un inmenso acto de Fe y más aún de certeza, dos requisitos imprescindibles para que los milagros ocurran, y que siempre han de acompañar a nuestros actos para atraerlos efectivamente hacia nosotros y a nuestra vida. 


La primera implica confianza plena en que sucederá aquello que se anhela y la segunda, aún más significativa y potente, nos hace estar completamente seguros de que sí o sí se materializará, sin tener que saber el cómo, sólo fluyendo, aunque las apariencias externas muestren otra cosa e incluso, con frecuencia, que va a ocurrir todo lo contrario.

 

La certeza es una seguridad interna y absoluta de que la ayuda llegará, la cual procede de uno mismo, del ser y de su conexión sin condiciones con la divinidad que llevamos dentro, que se activa en el preciso instante en que nos metemos de lleno en el mar de las situaciones, en donde ponemos lo mejor de nosotros mismos, y sólo hacemos lo que debemos de hacer, sin pensar, sin miedo ni duda alguna y quitándonos del medio para no estorbar ni estropear su acción, sin esperanza, ni proyección personal alguna, sin ego ni nada que le relacione.



Conclusión...


Luego de todo lo expuesto en este artículo, se puede decir, entonces, que la Kabbalah es una herramienta muy poderosa que, con la comprensión, práctica y Fé real y sincera, en forma consciente, se puede contribuir, cual Ángel, dios o diosa, a la propia Creación en forma honesta, limpia, pura y santa, como un eslabón más del Todo.


No es casual que siempre se haya dicho que la Humanidad es la conexión entre el Cielo y la Tierra, el encargado de traer uno al otro y de supervisar responsablemente que así siga siendo por la eternidad. 


Por ello somos materia y espíritu al mismo tiempo, cuerpo y alma, la perfección misma de toda la Creación, el eslabón primordial de que todo siga existiendo, la unión de lo sutil con lo denso, la imagen y semejanza de Dios mismo, encerrado en los 72 códigos inteligentes de la creación. 


Somos el propio Universo manifestado en  nosotros mismos, experimentándonos, jugando, viviendo en este ciclo eterno e infinito de Luz y Obscuridad, de Vida y Muerte, sin desaparecer jamás.





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MISTERIOS DE LA HUMANIDAD - ATLÀNTIDA, EL CONTINENTE PERDIDO, Parte II

EL MUNDO PERDIDO: 
DESDE EL RELATO DE PLATÓN HASTA NUESTROS DÍAS




En la Antigüedad

Se conservan algunos párrafos de escritores antiguos que aluden a los escritos de Platón sobre la Atlántida. Estrabón, en el siglo I a. C., parece compartir la opinión de Posidonio (c. 135-51 a. C.) acerca de que el relato de Platón no era una ficción.24 Un siglo más tarde, Plinio el Viejo nos señala en su Historia Natural que, de dar crédito a Platón, deberíamos asumir que el océano Atlántico se llevó en el pasado extensas tierras. Por su parte, Plutarco, en el siglo II, nos informa de los nombres de los sacerdotes egipcios que habrían relatado a Solón la historia de la Atlántida: Sonkhis de Sais y Psenophis de Heliópolis. Finalmente, en el siglo V, comentando el Timeo, Proclo refiere que Crantor (aprox. 340-290 a. C.), filósofo de la Academia platónica, viajó a Egipto y pudo ver las estelas en que se hallaba escrito el relato que escuchó Solón. Otros autores antiguos y bizantinos como Teopompo, Plinio, Diodoro Sículo, Claudio Eliano y Eustacio, entre otros, también hablan sobre la Atlántida, o los atlantes, o sobre una ignota civilización atlántica.

En el Renacimiento

Si bien conocida, durante la Edad Media la historia de la Atlántida no llamó mayormente la atención. En el Renacimiento, la leyenda fue recuperada por los humanistas, quienes la asumirán unas veces como vestigio de una sabiduría geográfica olvidada y otras, como símbolo de un porvenir utópico. El escritor mexicano Alfonso Reyes Ochoa afirma que la Atlántida, así resucitada por los humanistas, trabajó por el descubrimiento de América. Francisco López de Gómara en su Historia General de las Indias, de 1552, afirma que Colón pudo haber estado influido por la leyenda atlántida y ve en voz náhuatl atl (agua) un indicio de vínculo entre aztecas y atlantes.34 Durante los siglos XVI y XVII, varias islas (Azores, Canarias, Antillas, etc.) figuraron en los mapas como restos del continente perdido. En 1626, el filósofo inglés Francis Bacon pública La Nueva Atlántida (The New Atlantis), utopía en pro de un mundo basado en los principios de la razón y el progreso científico y técnico. En España, en 1673, el cronista José Pellicer de Ossau identifica la Atlántida con la península Ibérica, asociando a los atlantes con los misteriosos tartesios.
Mapa del imperio atlante. De Atlantis: The Antediluvian World, de Ignatius Donnelly, 1882.
Obra de Ignatius Donnelly

No será hasta la segunda mitad del siglo XIX, que la historia de la Atlántida adquiera la fascinación que provoca hasta hoy en día. En 1869, Julio Verne escribe Veinte mil leguas de viaje submarino, novela que en su capítulo IX describe un alucinante encuentro de los protagonistas con los restos de una sumergida Atlántida. Tiempo después, en 1883, Ignatius Donnelly, congresista norteamericano, pública Atlántida: El Mundo Antediluviano (Atlantis: The Antediluvian World). En dicha obra, Donnelly, a partir de las semejanzas que aprecia entre las culturas egipcia y mesoamericana, hace converger, de modo muchas veces caprichoso, una serie de antecedentes y observaciones que lo llevan a concluir que hubo una región, desaparecida, que fue el origen de toda civilización humana (véase difusionismo) y cuyo eco habría perdurado en la leyenda de la Atlántida. El libro de Donnelly tuvo gran acogida de público (fue reeditado hasta 1976), en una época en que el avance de la ciencia permitía a su hipótesis aparecer seductoramente verosímil. Tanto fue así, que el gobierno británico organizó una expedición a las islas Azores, lugar donde el escritor situaba la Atlántida.

La Atlántida después de Donnelly, hipótesis sobre la Atlántida en la actualida

Hipótesis sobre la Atlántida

Las conjeturas que postulaban la existencia de la Atlántida como el «continente perdido» fueron invalidadas por la comprobación del fenómeno de la deriva continental durante los años 1950. Por ello, algunas de las hipótesis modernas proponen que algunos de los elementos de la historia de Platón se derivan de mitos anteriores o se refieren a lugares ya conocidos.
Atlántida esotérica

El éxito de Donnelly motivó a los autores más diversos a plantear sus propias teorías. En 1888, la ocultista Madame Blavatsky publicó La Doctrina Secreta. Allí aludía al El Libro de Dzyan un supuesto documento tibetano cuyo origen remoto estaría en la Atlántida. Según Blavatsky, los atlantes habrían sido una raza de humanos anterior a la nuestra, cuya civilización habría alcanzado un notable desarrollo científico y espiritual.

En 1938, el jerarca nazi Heinrich Himmler organizó, en el contexto del misticismo nacionalsocialista, una serie de expediciones a distintos lugares del mundo en busca de los antepasados atlantes de la raza aria.

En 1940, el médium norteamericano Edgar Cayce predice que en 1968 la Atlántida volverá a la superficie frente a las costas de Florida. Un año después de esa fecha, en 1969, se descubre una formación rocosa sumergida en las aguas de la isla de Bimini, Bahamas, a unos 80 km al este de Miami. Esta estructura, llamada Carretera de Bimini o Muro de Bimini, fue considerada como un resto de la isla desaparecida, alegándose que cumplía la predicción de Cayce. Sin embargo, los expertos geólogos sostienen que se trata de una formación natural conocida como roca de playa.

Atlántida minoica

Al margen de lo esotérico, el impulso generado por la obra de Donnelly motivó numerosos historiadores y arqueólogos, tanto profesionales como aficionados, quienes durante el siglo XX desarrollaron diversas conjeturas sobre la ubicación de la Atlántida, asociando a los atlantes con diferentes culturas de la Antigüedad. Es así como en 1913, el británico K. T. Frost sugiere que el imperio minoico (o cretense), conocido de los egipcios, poderoso y posiblemente opresor de la Grecia primitiva, habría sido el antecedente fáctico de la leyenda atlántida.

En 1938, el arqueólogo griego Spyridon Marinatos plantea que el fin de la civilización cretense, a causa de la erupción del volcán de Santorini, antiguamente llamada Thera, cuya capital era Akrotiri, podría ser el fondo histórico de la leyenda. La idea de Marinatos fue desarrollada por el sismólogo Angelos Galanopoulos, quien en 1960 publicó un artículo donde relaciona la tesis cretense con los textos de Platón. Si bien el propio Marinatos siempre sostuvo que se trataba de una simple especulación, la hipótesis de la Atlántida cretense ha tenido amplia aceptación y captado muchos seguidores, entre los que se cuenta el fallecido oceanógrafo francés Jacques Cousteau.

Entre el 1628 y el 1627 a. C., la erupción del volcán terminó con una gigantesca explosión de caldera, del mismo tipo que la mucho más estudiada de Krakatoa (Indonesia) de 1883. Como efecto de la explosión la isla perdió buena parte de su superficie, y se puso en marcha un maremoto que asoló el Mediterráneo Oriental, provocando, entre otros efectos, una grave crisis de la civilización minoica de Creta. Parece que la población encontró tiempo suficiente para evacuar la isla, llevándose muchos de sus bienes muebles. Marinatos popularizó la idea de que la explosión prehistórica de Tera-Santorini está en el origen del mito de la Atlántida y del Mito del Éxodo.

La explosión fue muy intensa y la emisión de polvo oscureció la atmósfera lo suficiente como para que el hecho fuera observado en China. El enfriamiento del tiempo ha quedado registrado en anillos de los árboles incluso en Canadá. En Egipto, jeroglíficos datados de ese periodo muestran que la nube lo asoló. Este fenómeno duró nueve días en Egipto, medio día en China y se estima que una hora en la Antártida.

Atlántida en Huelva (Andalucía)

Por su parte, en 1922, el arqueólogo alemán Adolf Schulten retomó y popularizó la idea de que Tartessos fue la Atlántida.43 Hipótesis que había tomado de los historiadores españoles Francisco Fernández y González (finales del s. XIX) y su hijo, Juan Fernández Amador de los Ríos (1919) y que desde entonces ha contado con varios seguidores hasta el día de hoy.

En el año 2005, un equipo multidisciplinar de investigadores del CSIC (Juan José Villarias Robles, Sebastián Celestino Pérez y Ángel León) y de la Universidad de Huelva (Antonio Rodríguez Ramírez), en el marco del denominado Proyecto "Constratación de la hipótesis de Wickboldt-Kühne", comprueban sobre el terreno si las formas geométricas que se advierten en las imágenes de 1996 del Espacio Natural de Doñana obtenidas desde el satélite indio IRS y señaladas por los investigadores alemanes Werner Wickboldt (Braunschweiger Zeitung, 10 de enero y 19 de febrero de 2003) y Rainer W. Kühne (Antiquity, Vol. 78, Nº 300, junio de 2004), y las que el escritor y atlantólogo hispanocubano Georgeos Díaz-Montexano aportó -públicamente- a Rainer Kühne en el 2003 en el forum Atlantis Rising, corresponden a un yacimiento arqueológico de importancia tal como la Atlántida o Tartessos.

Los resultados de las pruebas realizadas (georradar, tomografía, sondeos, catas sedimentológicas) entre 2005 y 2010 no permitieron descartar que tales formas geométricas obedecieran a los restos arqueológicos referidos por Wickboldt y Kühne, ni siquiera se pudo constatar la verdadera naturaleza de tales extrañas formaciones, aunque se insistió en que era muy poco probable que fueran naturales o geomorfológicas, tal como se refleja en los informes presentados ante el CSIC y la Junta de Andalucía y que se pueden consultar en la web del CSIC.

Basado en las investigaciones del CSIC y la Universidad de Huelva National Geographic Society emitió en marzo del 2011 un documental sobre la Atlántida, "Finding Atlantis",46 bajo la conducción del profesor de la Universidad de Hartford (Connecticut), Richard Freund, quien, basándose en anteriores hipótesis de autores españoles y alemanes, defiende la posible localización de la capital de la Atlántida en el Parque de Doñana, la cual habría sido enterrada por un poderoso tsunam

Atlántida en América

En 1998, el investigador Jim Allen aseguró encontrar pruebas de la perdida isla en el altiplano de Bolivia, en Pampa Aullagas del Departamento de Oruro.. (“Atlantis: the Andes Solution” Windrush Press, England 1998). La teoría se apoya en varias fuentes y resultados de investigaciones respecto a la formación mineralógica de las montañas que rodean al Altiplano, y la correspondencia entre la planicie rectangular del Altiplano al lado del lago Poopó y la descripción de la planicie rectangular dada por Platón. Además Allen mantiene que el cerro volcánico en Pampa Aullagas rodeado con anillos concéntricos corresponde a la isla capital de la Atlándida con sus anillos concéntricos y dice que la leyenda griega tuvo su origen en una supuesta leyenda boliviana, “La Leyenda del Desaguadero”, que habla de una ciudad castigada por los dioses y sumergida bajo un lago; un tema común a varias mitologías y que puede deberse a la influencia del mito bíblico del diluvio aportado por los misioneros.

El investigador participó en varios documentales y entrevistas incluso en 1998 en un documental de la BBC y en 2001, participó en un documental para Discovery Channel dirigido por “Of Like Mind Productions” y titulado "La Atlántida en los Andes". 48 que incluye imágenes de Tihuanaco y también los resultados de la expedición Akakor realizada en el lago Titicaca en 1999. Algunos investigadores, como Arthur Posnansky, cuyas conclusiones no concuerdan con los datos arqueológicos que establecen la fundación de esta ciudad como tal en el siglo I de nuestra era, proponen una antigüedad de alrededor de doce mil años para las ruinas de Tihuanacu, lo cual coincidiría con la fecha probable de la Atlántida platónica aunque Allen mencionó en sus libros la posibilidad de 1260 a.C. como más probable. El documental argumenta, además, que Tihuanaco y el pueblo aimara fueron uno de los diez reinos de la isla, si bien esta etnia es posterior a la caída de Tiahuanaco en el siglo XIII de nuestra era. Esta hipótesis ha sido rechazada por la comunidad científica dado que las dataciones propuestas para Tiahuanaco, como también las extrapolaciones de Allen a partir de los textos antiguos, carecen de bases sólidas y contradicen todos los demás estudios realizados al respecto.

Hipótesis modernas sin intervención sobrenatural ni extraterrestre

    En 1999, el periodista y escritor británico Graham Hancock realizó para la BBC el documental "Atlantis Reborn", en el que documentaba con gran detalle su hipótesis de una catástrofe planetaria y la desaparición de una civilización anterior. Esta hipótesis, también publicada en forma de libro, se apoya tanto en los relatos de la tradición oral de religiones y pueblos antiguos como en sus propias teorías sobre la desviación del eje terrestre. Las ideas de Hancock postulan una influencia entre algunos supervivientes de esa pasada civilización y los albores de la actual, estos supervivientes narrarían el mito de la Atlántida, recogido en Platón y, según Hancock, otras fuentes antiguas. El libro de Hancock Tras las huellas de los dioses señala un desplazamiento del eje magnético de la tierra como el origen de la catástrofre. Al corregir mediante computación esa desviación desviamiento, Hancock pretende demostrar que diversas edificaciones antiguas alrededor de todo mundo muestran una concordancia exacta con las constelaciones del fimamento, para lo cual considera que esas construcciones son más antiguas de lo que se admitido y presupone que fueron diseñadas en función de ciertos patrones astronómicos.

    Según muchos estudiosos entre ellos los arqueólogos Angelos Galanopoulos y el ya mencionado Spyridon Marinatos, el submarinista Jacques Cousteau y el profesor J. V. Luce (sobre una tesis de K. T. Frost publicada a principios del siglo XX15 ) la Atlántida sería el recuerdo deformado de la civilización minoica (o cretense). Algunos consideran que esta civilización fue destruida tras la erupción del volcán de la isla Thera o Santorini alrededor de 1640 a. C. Esta erupción causó un tsunami que barrió las costas del Egeo. Si bien hay acuerdo en que la catástrofe dañó gravemente al imperio minoico, no obstante actualmente no hay consenso entre los arqueólogos acerca de la vinculación entre la erupción y el fin de la civilización minoica.

Según propone el alemán Rainer W. Kühne, estaría en el Coto de Doñana, cerca del Estrecho de Gibraltar, concretamente en la llamada marisma de Hinojos, también conocida como "marisma gallega". En realidad esta hipótesis de ubicar la capital o acrópolis de la Atlántida en las "Marismas de Hinojos" ya fue planteada y defendida -por primera vez- por tres autores españoles: José Pellicer de Ossau I Tovar en 1673, Francisco Fernández y González y Juan Fernández Amador y de los Ríos en 1919; después, por los autores alemanes Adolf Schülten en 1922, y más adelante por Otto Jessen y Richard Hennig en los años de la segunda y tercera década del pasado siglo XX, aunque estos últimos en realidad nunca precisaron un punto tan concreto como el centro de las propias "Marismas de Hinojos". Las imágenes de satélite del área muestran dos posibles estructuras rectangulares y un par de posibles formas circulares concéntricas que han sido interpretadas como restos del "templo de Poseidón" y el "templo de Cleito y Poseidón".

Conclusiones

Sin embargo, los estudios arqueológicos y geológicos hechos "in situ", hace más de dos décadas, demostraron que no existe ninguna construcción con aquellas características en aquel lugar. Los críticos a esta hipótesis afirman que no es más que una mera ilusión óptica originada por las sombras y restos de paleocanales naturales de ríos y viejas corrientes, en una foto de satélite demasiado alejada y con poca resolución. Toda el área ha sido solamente tierra desde la Edad Medieval, aproximadamente desde el siglo IX. Esta zona era un Golfo o Bahía que ya existía desde hacía más de 6000 años, hasta que en torno a la época romana tardía comenzó a colmatarse, poco a poco, llenándose de sedimentos gradualmente hasta alcanzar en los últimos 2000 años la naturaleza de marismas que actualmente presenta.


La tectónica de placas no deja lugar a dudas, no hay lugar para la Atlántida, ningún continente o isla de dimensiones como las descritas pudo haberse sumergido o inundado sin dejar pruebas de ello. Por lo cual tenemos que pensar que de ser algo mas que un mito deberíamos buscar la Atlántida entre las tierras ya conocidas, probablemente una isla mediterranea, alguna región europea que fuera mal interpretada en los mapas o traducciones de textos antiguos, otras hipotesis barajan la posibilidad de que se tratara de las Azores e incluso en Suecia.

Aún así no deja de ser fascinante como durante siglos se ha buscado un continente idílico y existen tal cantidad de textos a lo largo de la historia aportando pruebas de su existencia.

Parte I acá

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MISTERIOS DE LA HUMANIDAD - ATLÀNTIDA, EL CONTINENTE PERDIDO, Parte I

¿MITO O REALIDAD? 
EL ORIGEN DE LA LEYENDA




La leyenda cuenta que la Atlántida era una isla de grandes dimensiones, se podría considerar un continente, según algunas hipotesis en el Mediterráneo, en otras versiones en el Océano Atlántico, fue destruída por un terremoto o tsunami que inundó totalmente sus tierras dejándola por siempre sumergida bajo las aguas y olvidada en el pasado.

Sus habitantes poseían una tecnología y cultura muy superior a la de los contemporáneos de su época y fueron decisivos en los avances de todas las culturas mundiales. Su ubicación les permitía el acceso a culturas tan dispares como la egipcia y la Maya y eran consumados viajeros, dominando con sus barcos todos los mares y océanos del planeta. La similitud entre estructuras arquitectónicas como las piramides Mayas y Egipcias, o el parecido fonético de algunas palabras en culturas separadas por aguas y miles de kilómetros de distancia se deben según los partidarios de la existencia de dicha isla o continente y a la influencia que los Atlantes (nombre con el que habitualmente se designa a los habitantes de la Atlántida) gracias a su avanzada tecnología marcaron culturas de todo el mundo.

Nacimiento y Caída de la Atlántida

La leyenda de la Atlántida parte de Platón hacia el 350 a.C., el cual, en los diálogos Timeo y Critias, cuenta la historia de una civilización floreciente que vivía en una isla "más allá de las columnas de Hércules" (nombre antiguo del Estrecho de Gibraltar). Él aseguraba basarse en el sabio griego Solón, que 200 años antes decía haber oído en Egipto que una isla había sido destruida "al oeste" como consecuencia de un gran cataclismo que la sumergió en las aguas en tan solo unas horas. En más o menos 20 páginas describe esta floreciente cultura, sus ciudades y abundancias y como debido a una afrenta a los dioses (eran adoradores de Poseidón) fueron castigados y una serie de cataclismos les sumergieron en las aguas.

Hasta aquí podría parecer la típica historia moralista tan habitual en Mitología griega, pero numerosos estudiosos a lo largo de la historia han buscado su significado real pues en gran cantidad de culturas existen mitos similares a los de la Atlátida de Platón, según algunos de ellos existe una especie de memoria histórica o componente real en dicha historia y si bien la mayoría de las hipotesis fueron desestimadas por falta de pruebas o demostrada su invalidez, es cierto que de tratarse de un leyenda fue de gran difusión en una edad tan temprana del hombre que pervivió en diferentes y dispares culturas.

Ubicación de la Atlántida

La imagen romántica de una isla fabulosa tragada por el mar, ha significado que su ubicación haya sido buscada desde la época de Platón, aunque nadie está seguro si existió realmente muchos son los investigadores que la buscaron, una empresa no del todo descabellada, pues al fin y al cabo también la Troya de Homero se creía producto de la fantasía, hasta que el arqueólogo Heinrich Schliemann la descubrió en 1903. Las ubicaciones sugeridas para la Atlántida, incluyen lugares diversos a continuación enumeraré algunas de las ubicaciones más nombradas:

En el Mar Mediterráneo

Las fuentes del relato de la Atlántida son el Timeo y el Critias, textos en diálogos del filósofo griego Platón. En ellos, Critias, discípulo de Sócrates, cuenta una historia que de niño escuchó de su abuelo y que éste, a su vez, supo de Solón, el venerado legislador ateniense, a quien se la habían contado sacerdotes egipcios en Sais, ciudad del delta del Nilo. La historia, que Critias afirma verdadera,5 se remonta en el tiempo a nueve mil años antes de la época de Solón,6 para narrar cómo los atenienses detuvieron el avance del imperio de los atlantes, belicosos habitantes de una gran isla llamada Atlántida, situada más allá de las Columnas de Hércules y que, al poco tiempo de la victoria ateniense, desapareció en el mar a causa de un violento terremoto y de un gran diluvio.7

En el Timeo, Critias habla de la Atlántida en el contexto de un debate acerca de la sociedad ideal. Cuenta cómo llegó a enterarse de la historia y cómo fue que Solón la escuchó de los sacerdotes egipcios. Refiere la ubicación de la isla y la extensión de sus dominios en el mar Mediterráneo, la heroica victoria de los atenienses y, finalmente, cómo fue que el país de los atlantes se perdió en el mar. En el Critias, el relato se centra en la historia, geografía, organización y gobierno de la Atlántida, para luego comenzar a narrar cómo fue que los dioses decidieron castigar a los atlantes por su soberbia, momento en el que el relato se interrumpe abruptamente, quedando la historia inconclusa.

Del relato de Platón se deduce que la civilización atlante debió florecer hace más de 12.000 años. Este dato no puede ser exacto en ningún caso, puesto que en aquellos remotos tiempos todavía no existía ninguna cultura evolucionada que trabajara los metales, estuviera gobernada por reyes y dominara los mares con sus barcos. En cuanto a la localización del misterioso continente, el texto del filósofo ateniense lo sitúa "más allá de las Columnas de Hércules", y esto significaba, según la concepción de la antigüedad, al otro lado del estrecho de Gibraltar, es decir, en el océano Atlántico. Pero atención, recordemos que la fábula procede de los antiguos egipcios y, para ellos, la isla perdida se llamaba Keftiu (el nombre que tenían para Creta). La fuente de información de Platón, el legislador y estadista Solón, pensaba naturalmente en griego, de modo que traduciría las indicaciones del sacerdote egipcio a su propia lengua, pudiendo producirse por esto algunos equívocos. Posiblemente los egipcios tenían en mente un lugar totalmente diferente al referido por Solón, ya que para esta civilización confinada en el valle del Nilo, el mundo conocido terminaba no ya en el Atlántico, sino en el mismo Mediterráneo.

La teoría que desde 1909 ha sumado más adeptos afirma que la Atlántida fue Creta u otra isla cercana, la de Santorini. Por consiguiente, la civilización atlante se identificaría con la minoica. Son muchos los datos que apoyan esta tesis. Para los antiguos egipcios, Creta constituía un lugar de interés a causa de su cercanía y su fuerza, aunque resultaba casi inaccesible debido a su ubicación en mitad del Mediterráneo. Por otro lado, la decadencia y caída de esta civilización encaja con el dramático final descrito por Platón: hacia el año 1500 a.C. una tremenda erupción volcánica en la isla de Thera (hoy llamada Santorini) originó terremotos, tsunamis y lluvias de cenizas que acabaron por dar el golpe de gracia a aquella cultura de la Edad del Bronce, que ya había sufrido anteriores seísmos.

La fecha es lo único que no concuerda, pues recordemos que, según Platón, la Atlántida debió florecer alrededor de 12.000 años atrás. Sin embargo, pudo ocurrir que el informador egipcio de Solón se hubiera basado para sus cálculos en uno de los calendarios lunares al uso en aquella época, confundiendo al griego, quien habría tomado los años lunares por solares. En tal caso, la fecha referida por el sacerdote sería el año 1200 a.C. aproximadamente, lo cual coincide, admitiendo un margen de tolerancia de dos o tres siglos, con la explosión de Thera.

En cualquier caso, por bien que suene esta hipótesis -desarrollada y defendida sobre todo por los investigadores griegos Angelos Galanopoulos y Spyridon Marinatos- también tiene sus puntos débiles. Así, la clasificación cronológica de los diferentes estilos cerámicos de la isla de Santorini demuestra que esta cultura sobrevivió al menos cincuenta años a la erupción del volcán. La Atlántida no se hundió, por tanto, en este lugar. Y menores son las posibilidades de que se tratara de la cercana isla de Creta; Cnosos, el centro de la cultura minoica, no se colapsó hasta algunos siglos después de la erupción del volcán y, como todos sabemos, la isla continúa en su sitio

En el Océano Atlántico

Los textos de Platón señalan la geografía de la Atlántida como escarpada, a excepción de una gran llanura de forma oblonga de 3000 por 2000 estadios, rodeada de montañas hasta el mar.8 A mitad de la longitud de la llanura, el relato ubica una montaña baja de todas partes, distante 50 estadios del mar, destacando que fue el hogar de uno de los primeros habitantes de la isla, Evenor, nacido del suelo.

Según el Critias, Evenor tuvo una hija llamada Clito. Cuenta este escrito que Poseidón era el amo y señor de las tierras atlantes, puesto que, cuando los dioses se habían repartido el mundo, la suerte había querido que a Poseidón le correspondiera, entre otros lugares, la Atlántida. He aquí la razón de su gran influencia en esta isla. Este dios se enamoró de Clito y para protegerla, o mantenerla cautiva, creó tres anillos de agua en torno de la montaña que habitaba su amada. La pareja tuvo diez hijos, para los cuales el dios dividió la isla en respectivos diez reinos. Al hijo mayor, Atlas o Atlante, le entregó el reino que comprendía la montaña rodeada de círculos de agua, dándole, además, autoridad sobre sus hermanos. En honor a Atlas, la isla entera fue llamada Atlántida y el mar que la circundaba, Atlántico. Su hermano gemelo se llamaba Gadiro (Eumelo en griego) y gobernaba el extremo de la isla que se extendía desde las Columnas de Hércules hasta la región que por derivación de su nombre se denominaba Gadírica.

Favorecida por Poseidón, la isla de Atlántida era abundante en recursos. Había toda clase de minerales, destacando el oricalco (cobre de montaña) más valioso que el oro para los atlantes y con usos religiosos (se especula que el relato hace referencia a una aleación natural del cobre). También había grandes bosques que proporcionaban ilimitada madera; numerosos animales, domésticos y salvajes, especialmente elefantes; copiosos y variados alimentos provenientes de la tierra.

Tal prosperidad dio a los atlantes el impulso para construir grandes obras. Edificaron sobre la montaña rodeada de círculos de agua una espléndida acrópolis plena de notables edificios, entre los que destacaban el Palacio Real y el templo de Poseidón. Construyeron un gran canal, de 50 estadios de longitud, para comunicar la costa con el anillo de agua exterior que rodeaba la metrópolis; y otro menor y cubierto, para conectar el anillo exterior con la ciudadela. Cada viaje hacia la ciudad era vigilado desde puertas y torres, y cada anillo estaba rodeado por un muro. Los muros estaban hechos de roca roja, blanca y negra sacada de los fosos, y recubiertos de latón, estaño y oricalco. Finalmente, cavaron, alrededor de la llanura oblonga, una gigantesca fosa a partir de la cual crearon una red de canales rectos que irrigaban todo el territorio de la planicie.
El relato de Platón hablaba de una enorme isla "más allá de las columnas de Hércules" este dato hacia suponer que debía encontrarse en el Océano Atlántico y durante siglos investigadores del tema la situaron en dicho emplazamiento. Dicha teoría fue totalmente rechazada en 1.950 cuando se demostró la tectónica de placas y se comprobó que no existen ni existieron vestigios de ningún continente sumergido.

Hasta que dicho teórico emplazamiento se demostró que no era correcto, investigadores como Ignatius Donnelly, quien publicó su libro Atlantis: The Antidiluvian World en 1882, obra que conocería más de cincuenta ediciones y que sirvió de punto de partida para numerosas teorías posteriores. Donnelly estudió los enigmas de distintas culturas y elaboró a partir de tan misteriosos ingredientes una hipótesis irresistible: la Atlántida fue un continente entre Europa y América que se sumergió y que incluso llegó a constituir un puente terrestre entre ambos mundos.

Los principales datos que corroborarían su teoría son los siguientes: la lengua de los aztecas posee asombrosas semejanzas con la de los egipcios. (Esto no es exacto, dicen los escépticos; el parecido procede de una interpretación errónea de los signos de la escritura azteca). Los egipcios no fueron los únicos que construyeron pirámides; también los antiguos pueblos centroamericanos levantaron este tipo de estructuras, de modo que debió existir algún contacto entre ellos. (Tonterías, afirman los detractores de Donnelly; una forma geométrica tan elemental puede inspirar a cualquier arquitecto espontáneamente, sin que tenga que copiar de nadie).

La Atlántida en América 

Al ser descubierto el nuevo continente surgió como es lógico una nueva teoría, ¿Podría ser América el continente descrito por Platón?, ¿era posible que las tierras descubiertas por Cristobal Colon fueran parte de la isla soñada?

La respuesta parecía ser no pues parecía muy improbable con la tecnología de la época que relataba Platón pudiesen realizarse viajes en barco a tan larga distancia y más cuando se describían flotas de 1200 barcos que conquistaban allá por donde pasaban con sus tropas. Un dato cuando menos curioso sobre esta teoría es el siguiente:

En una sesión de trance realizada en 1933, el vidente norteamericano Edgar Cayce describió de una forma colorista y fantástica la vida en aquella antigua civilización, prediciendo, además, que una parte de ella sería encontrada en el año 1968. Y en efecto, un año más tarde de lo vaticinado se descubrieron en el fondo marino frente a las Bahamas ciertas estructuras aparentemente realizadas por la mano humana. La localización de la Atlántida en esta zona ya había sido propuesta por otros investigadores, que sin duda se remitían a los datos aportados por el geógrafo romano Marcelo, del primer siglo antes de nuestra era. Según él, el continente perdido habría estado integrado por siete islas pequeñas y tres grandes, la mayor de ellas de 1.000 estadios de diámetro, lo que equivale aproximadamente a 200 kilómetros.

¿Debemos, pues, buscar los restos de la Atlántida en el Caribe? La mayor de las islas antillanas, La Española, tiene un tamaño que coincide más o menos con el calculado por el sabio Marcelo. Sin embargo, estas especulaciones tienen muy poco que ver con la descripción de Platón. Las formaciones de piedra encontradas son según los expertos tan solo una formación rocosa insólita y no tienen nada que ver con la mano del hombre y aún en el caso de ser estructuras arquitectónicas creadas por el hombre parece muy poco probable que perteneciesen a la Atlántida que relataba Platón y con casi total seguridad serían parte de una cultura megalítica aun desconocida.

Caída del imperio atlante

La caída de la Atlántida, por Monsù Desiderio (s. XVII).

Los reinos de la Atlántida formaban una confederación gobernada a través de leyes, las cuales se encontraban escritas en una columna de oricalco, en el Templo de Poseidón. Las principales leyes eran aquellas que disponían que los distintos reyes debían ayudarse mutuamente, no atacarse unos a otros y tomar las decisiones concernientes a la guerra, y otras actividades comunes, por consenso y bajo la dirección de la estirpe de Atlas. Alternadamente, cada cinco y seis años, los reyes se reunían para tomar acuerdos y para juzgar y sancionar a quienes de entre ellos habían incumplido las normas que los vinculaban.

La justicia y la virtud eran propios del gobierno de la Atlántida, pero cuando la naturaleza divina de los reyes descendientes de Poseidón se vio disminuida, la soberbia y las ansias de dominación se volvieron características de los atlantes. Según el Timeo, comenzaron una política de expansión que los llevó a controlar los pueblos de Libia hasta Egipto y de Europa, hasta Tirrenia. Cuando trataron de someter a Grecia y Egipto, fueron derrotados por los atenienses.

El Critias señala que los dioses decidieron castigar a los atlantes por su soberbia, pero el relato se interrumpe en el momento en que Zeus y los demás dioses se reúnen para determinar la sanción. Sin embargo, habitualmente se suele asumir que el castigo fue un gran terremoto y una subsiguiente inundación que hizo desaparecer la isla en el mar, "en un día y una noche terribles", según señala el diálogo en Timeo.

Parte II acá

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